Intentaría en este espacio vacío explicaros lo que es la vida para mí. Lo que viene y va: lo que se mueve y lo que pretende ser estático, todo lo que me hace feliz y me llena de energía y lo que me da miedo y atrae a la percepción de mis propios defectos. Valoraríais más lo que sentís cuando os levantáis cada mañana y sobre todo me valoraríais a mí al haceros verlo. Pero no lo voy a intentar.
Os contaría todas las decepciones y alegrías que he tenido en estos 20 años. Todo lo que he conseguido por mí mismo y lo que hago para intentar ser mejor segundo a segundo. Las lágrimas y sonrisas que mi cara ha esculpido durante tanto tiempo y que tienen un misterio que sólo su autor conoce. Pero no lo contaré.
Confesaría quienes son los pilares en mi vida. Quién ronda mi cabeza las 24 horas, quién debería haber salido de ella y, sobre todo, quién no debería haber entrado. Los buenos momentos con mis seres queridos y mis amigos, los paseos, las charlas, las bromas... También podría hacerlo con las personas que resultaron ser ranas en lugar de príncipes o princesas y que me hicieron ver la vida por el lado que no se debe mirar, que obligaron a encerrar al verdadero Sergio entre paredes de miedo e inseguridad. Pero no lo voy a confesar.
Describiría mis pensamientos, tanto buenos como malos. Intentaría poneros en mi lugar y que supieráis exactamente lo que pienso cuando leo, cuando voy conduciendo o simplemente cuando miro a un punto en el cielo. Os sorprendería con mis torrente de ideas, con mi filosofía y mi psicología. Pero no lo voy a describir.
Relataría mi pasado y lo que espero del futuro. Mis ambiciones y mis deseos quedarían aquí plasmados así como mis bases y mi cultura. Os transportaría a mi vida ideal en la que yo sería por fin el protagonista de esta mísera obra que un pobre poeta loco algún día escribió. Pero no voy a relatar nada.
No haré nada de esto, porque, al fin y al cabo, esto no sería más que una historia de las muchas que ya se han escrito. Sería un página que caería al olvido en cuanto cerrarais la pestaña, ignorando toda la carga emocional y sentimental que mis palabras podrían contener. Porque podría abrir mi corazón en esta historia y ninguno de vosotros la vería especial. Porque... con tanta palabra, ya se ha acabado el espacio disponible para poder hacerlo.