jueves, 19 de julio de 2012

El único

Pedir es gratis y siempre creí que pedía demasiado, supongo que por capricho y cosas innecesarias.
Con los años aprendí que, pidiendo lo mismo que siempre había querido, no era suficiente en comparación con lo que los demás ansiaban y me hizo dudar sobre si estaba haciendo bien las cosas.
No aumenté la cantidad mis peticiones, pues estas no se cumplieron nunca (y aún no se han cumplido), pero sí que insistí en mejorar su calidad a medida que mi razón y mi madurez se iban haciendo con el control.

Ingenuo de mí, deseaba encontrar a alguien que me amara locamente, que lo diera todo por mí sin dudar ni un instante; que fuera lo único en lo que pensara durante el día y al que abrazara toda la noche. Quería que hubiera alguien que me hiciera feliz con su mirada, que sus manos me acariciaran como si fuera un peluche o un bebé adorable.
Alguien con quien no supiera que era aquello a lo que se llamaba Tristeza y Soledad; que me cuidara y se riera conmigo de todo lo que nos pasara. Anhelaba una persona que, mientras condujera mi coche, apoyara si cabeza en mi hombro; al ver una película sintiera sus brazos rodeándome y deseándome; acercando sus carnosos y rosados labios a mi oído me dijera que me quería, sin miedo ni arrepentimiento, como se debe decir.
Quería observar como un bobo su rostro angelical mientras durmiera a mi lado; hacerle el amor como nunca se lo habían hecho, como punto cumbre del amor, y no por simple y llanamente placer carnal. Me imaginaba cantando con ella en la ducha, mientras las gotas de agua caliente se deslizaban por nuestra piel, como si fuéramos un solo ser, pegados y unidos por siempre. Que sus miradas pícaras y descaradas nunca se acabaran; abrochar y desabrochar todo lo que ella no pudiera, no llegara o no quisiera; que mis labios pudieran devorar su blanca sonrisa embaucadora; que sus ojos azules me congelaran el corazón y cerraran la puerta para que nada ni nadie pudiera entran o salir nunca más.

Como ya he dicho, pedir es gratis, por eso creo que pido demasiado. Sinceramente, no creo que nunca llegue a ser mío, pero es raro que, a pesar de no tenerlo, soy feliz buscando aquello que un día escribí en un viejo papel escondido en el cajón más profundo de mi mesa y no conformarme con falsos velos o esperanzas que se venden o regalan a modo de propaganda cuando cae el sol.
Aprendí que si deseo algo que ahora pocos buscan, tengo que pensar y hacer otras cosas; cosas que no sé qué o cómo son, pero seguro que existen. No me puedo conformar con lo que veo o con lo que me ofrecen, yo necesito sentir y hacer que sientan. Algunos ríen y otros no lo entienden, pero sé que si quiero encontrar algo especial, no puedo ser como los demás.

Yo quiero ser el único para cuando ella venga. 

sábado, 7 de julio de 2012

Destino

Me encontré en durante el camino de la vida una encrucijada entre mi camino ya establecido y otro que apareció de la nada, como una mala presencia.
Había algo que no me gustaba pero, por otro lado, me tentaba demasiado.
Sabía que la curiosidad mató al gato, pero también sabía que tanto si seguía mi camino como el otro, acabarían matándome, así que cambié mi rumbo y me envolví en una brisa tenue y oscura.
Cientos de ojos sangrientos me miraban desde las sombras producidas por la frondosidad de un bosque en el que sus árboles carecían de hoja alguna. Llegaban hasta donde alcanzaba la vista, tanto al horizonte como al cielo.
No tenía miedo, ya que estaba en ese momento de la vida en el que sientes que no tienes nada y que no le importas a nadie, aunque seas la persona más afortunada del mundo. "Ciego que no quiere ver" me decían, pero no sabían que mi mente y mi corazón engañaban constantemente a mis sentidos, haciéndome sentir inútil y sin futuro.
Andaba de un modo lento y observador, como si estuviera interesado en los detalles del paisaje, pero por más que caminaba, no veía nada distinto a lo que vi en un principio. El camino se repetía, como si estuviera andando en círculos. Parecía ser una ruta sin fin, incluso pensé que si daba la vuelta tampoco saldría de allí. No llegaban ni el sol ni sonido de agua hasta donde yo estaba, por lo que no me pude guiar para saber a ciencia cierta si estaba en la dirección correcta.

Me paré en seco y me puse en cuclillas. No sé si empezaba a arrepentirme o era el cansancio el que había hecho que me cesara la marcha. Cerré los ojos y vi a personas mirándome dentro de mí; era extraño porque no había visto a nadie desde que comencé a andar hace ya.... mucho. Los "otros" me miraban con preocupación y curiosidad. Todos tenían arrugas y pelo canoso, lo que me hizo pensar que no eran reales, era solo una ilusión un espejismo que había aparecido por casualidad o por necesidad.

Comenzaron a hablar y lo primero que mencionaron fueron todas mi imperfecciones, que no eran pocas. Hicieron que me sintiera muy mal y, como no, me puse a llorar como si no hubiera consuelo en el mundo para mi. Se les veía disfrutar y sonreír al verme sufrir.
-¡PARAD!- grité con una voz que nunca había salido de mi garganta.
Ellos pararon de hablar con un gesto extrañado.
- Chico - dijo una señora con voz muy dulce - si vas a seguir por este camino vas a necesitar que te digamos tus fallos.
- ¿Por qué? - Pregunté secándome las lágrimas que pude de la cara.
- Porque has escogido el camino difícil y tienes que aprender de tus errores y aceptar tus imperfecciones. Nosotros no estaremos siempre aquí así que marca con fuego y sangre estas palabras en tu cabeza: las decisiones importantes no se piensan, se hacen.
Y con esas palabras se esfumaron, según lo que dijeron, temporalmente, hasta que necesite más ayuda de que por mi mismo no puedo conseguir.
No sé que pasó, pero sin que yo diera órdenes a mi cuerpo de levantarse y caminar, lo hizo.
Me sentía con fuerza, con una vitalidad que nunca había presenciado en mi cuerpo y, sobre todo, con muchas ganas de caminar, aunque no hubiera nunca un final.

Así estoy en estos momentos, caminando sin parar; no veo el final y tampoco me siento feliz pero ahora cuento con la compañía de dos amigas que hacen que todo sea más fácil y que, estoy seguro, harán que el camino llegue a su fin y puedo encontrar el tesoro que lleva por nombre "Fortuna": Aceptación y Constancia.

lunes, 2 de julio de 2012

Está anocheciendo...

Apenas tengo un vago recuerdo de lo que soy. Ya no camino por miedo a tropezarme, ni pienso en mis defectos por miedo a suicidarme; no quiero asumir las consecuencias, porque sé que harán que parezca un desgraciado e infravalorado ser.

Esta noche duermo junto al olvido, que nunca me deja; no me abandona. Me abraza entre sus gélidas extremidades, sabiendo que nunca nos separaremos. Hace que todo se vuelva oscuro y tenebroso para que mi amor por se se vuelva infinito e irrompible por alguien más. Tengo miedo... y él lo sabe.

Esta noche no hay cabida para el amor, aquel que ya me ha defraudado en incontables ocasiones y que va y viene como las olas del mar. Mi corazón ya se divorció de mis sentimientos. Que no encuentro miradas por la calle porque quizás no tenga nada interesante o productivo que dar u ofrecer, y lo entiendo, porque soy todo lo que un día odié.

Esta noche se han escondido las risas, las carcajadas de las que la vida y yo nos empachábamos día tras día, segundo tras segundo. La soledad me ha hecho más fuerte, pero más infeliz. No quiero ser lo que soy ni cómo soy, por eso no acepto mi presente y tampoco mi futuro.

Esta noche toca pedir perdón; perdón por existir y por llorar; por reír y disfrutar. Aquellos que un día confiaron en mí o pusieron sus esperanzas en sobre la palma de mi mano. Hoy toca lamentarse, regocijarse en el dolor y pensar en la deseada muerte, porque, al fin y al cabo, es sólo un punto más que separa tu cuerpo del mio.

Esta noche los ladrones robaron mi inspiración. La enjaularon en sacos de sufrimiento y desencuentros. Me apalearon con desamor y con traición. Me amordazaron con cansancio, errores y tristeza. Se burlaron de mí por mostrar mi sonrisa al mundo y mi amor clásico a las chicas con las que deseaba estar. Se metieron con mi nombre, rimando con ásperas y frívolas palabras malsonantes. Me arrancaron el alma y el corazón, que no eran los míos, pues estaban empeñados o vendidos desde el primer momento en que te conocí, sino que eran los tuyos. Y eso me volvió loco.

Esta noche... Esta noche se está pareciendo mucho al resto de mi vida.