Hoy no me quiero ser yo para reconocerme.
Necesito un aliento, un empujón, una ayuda, o un buen consejo.
Deseo un buen amigo, no que me comprenda, sino que me oiga.
Quiero ver de lo que soy capaz, quiero ver si soy más fuerte que mis sentimientos.
Me gustaría llorar, llorar sin pausa ni consuelo, pero a la vez quiero reír, reír fuerte y a carcajadas y que entre en mis labios todas las lágrimas que caigan, pero que sea un circulo sin fin.
Ansío volar, pero no por mí mismo. Quiero hacerlo con las alas que tú me des, me da igual como sean y cuando me las otorgues. Hago lo que sea para no dejar de mirar al cielo, pero mi cigarrillo se apaga, y prometí que te dedicaría 5 minutos al día.
Necesito un reloj para saber que mi tiempo pasa, que es como el de los demás, que al menos tenemos algo en común. Mis sueños me hacen especial, pero a la vez me convierten en algo que no quiero ser, en algo que no soy. Ella lo vio, vio el frío, la soledad y la oscuridad, pero ¿Qué esperaba que hiciera? Nada.
Ahora sólo me queda esperar, algo que he hecho toda mi vida y a la que aún no me he acostumbrado.
Necesito otra tierra, necesito otro cielo y otra esperanza, que me arrebató este último ajuste de vicio.
Esto que hay aquí dentro se va ahogando, pero no de agua ni de humo, sino de melancolía. Sólo quiero irme, salir, abandonar, desertar... Mi propio ángel me cerró el camino al paraíso, ¿Crees que tengo ya algo que perder? Empieza a preocuparte, no por mí, sino por mis actos.
Hoy quiero sentarme sólo, que nadie sepa que estoy allí, que me observen pero que no me miren, que no sientan ni pena ni alegría, que no me miren ni como un héroe ni como un villano.
Hoy soy otra persona, pero no para verme morir, sino para verme vivir.
No te plantees si debes estar encerrado, pregúntate si deberías estar libre.
miércoles, 29 de febrero de 2012
domingo, 26 de febrero de 2012
Volaste sin despegar
Volaste... volaste para
no aterrizar nunca más.
Yo ni siquiera sabía
quien eras y puede que aún no lo sepa.
Todos me cuentan cosas
sueltas de ti. Una pizca de aquí, otro cachito de allá, otro poco
de más al fondo...
Solo era una niña
cuando te fuiste sin despedirte, sin decir adiós o sin darme un beso
en la mejilla.
No me importa lo que
pasó, ni si quiera si no estás aquí. Sé que me ayudas en todo lo
que hago, que eres parte de mis decisiones y que me despejas de
piedrecitas el camino de mi vida, esas piedrecitas que hacen que te
caigas y que tengas que volver a levantarte.
Estás siempre al lado
de mi cama cuando me voy a dormir y sigues ahí, mirándome, cuando
me levanto a la mañana siguiente.
No sé nada de ti, pero
tu lo sabes todo de mí. Te veo en fotos riendo, feliz, sin nada de
que preocuparte.. y me gusta lo que veo. ¿Sabes esa mirada perdida
que pones cuando no sabes donde ir? Sí, también me he fijado,
aunque en realidad me fijo y presto atención en todo lo que tiene
que ver contigo.
Me gustaría volver a
ser una niña, una niña inocente que no se daba cuenta de las cosas,
a la que cogías en brazos como aliento de vida. A veces me
arrepiento de no recordar prácticamente nada, de no haber
aprovechado más el tiempo contigo. Si volvieras todo sería
diferente, estoy segura.
No lo sabía... no
conocía la mano del futuro. Realmente eran cartas malas.
No sé nada de ti, pero
estoy segura de que te tienes alas, alas de ángel, y que en lugar de
subir al paraíso, te quedaste al lado de mi cama.
Más de una vez
Entró, cerró la
puerta y se sentó en silencio, pero tú la oíste.
Levanto la mano, habló
y se calló, pero tú sólo la miraste.
Conversaba, reía,
cantaba y bailaba, y tú solo te embobaste.
Se tocó el pelo, te
miró y sonrió, pero tú no contestaste.
Vivió, peleó, se
alegró y lloró, y tú te enamoraste.
La oíste, la miraste,
la recordaste y te enamoraste, pero ella no tardó en olvidarte.
sábado, 25 de febrero de 2012
Prototipos
No sé como surgió
el tema, pero creo que eso es lo de menos. Hablamos sobre el futuro,
sobre nuestra amistad y sobre la familia. Me dijiste que estabas solo
durante mucho tiempo y que echabas de menos a alguien a quien besar
al llegar a casa, a quien decir "te quiero", a quien
acariciar el pelo...
Supongo que fue un
reto mutuo el pensar cómo sería la persona con quien nos
sentiríamos a gusto y empezaste hablando tú.
Me dijiste que te
gustaría que fuera una chica morena, alta, con ojos azules y una
figura escandalosa. Le pediste que fuera simpática, sincera y sin
obligaciones ni preocupaciones. Que viviera cerca de tu casa, para
poder verla todos los días y sobre todo que fuera inteligente,
teniendo al menos una carrera acabada y ocupando un puesto de trabajo
fijo.
¿Qué dije yo? Lo
recuerdo perfectamente: No me importa su físico, ni su posición
social, ni si quiera si congeniaba conmigo o no. Únicamente pedí
que me quisiera tanto como yo podría llegar a quererla.
Ahora eres feliz
con esa mujer perfecta que apareció de la nada y me alegro, porque
realmente te lo mereces.
¿Yo? No se si es
cuestión de merecer o no, supongo que querer a alguien sólo está
al alcance de unos pocos y lo que parecía fácil y sencillo, es más
complicado de lo que lo pintan.
Baja el tobogán
Hoy
he recordado los días en los que mi padre me llevaba al parque. Yo
sólo contaba con 5 o 6 años. Era realmente feliz. No importaba
conocer o no a los demás en el parque, te lanzaban la pelota y se
reían como si fueras su compañero de juegos de toda la vida.
Recuerdo de forma muy detallada cómo miraba a mi padre cuando me
acercaba al tobogán. Nos compenetrábamos perfectamente, sabía que
mis ojos reflejaban deseo y los suyos, aunque no siempre, trasmitían
aceptación. Reía siempre que lo miraba así.
Desde
el día que me caí de lo alto del tobogán, no podía montarme sin
mirarlo y ver ese permiso inexistente que me prestaba.
Lo
he pensado bien y he leído mucho acerca de "volver a tener 5
años" sobre muchos amigos y escritores, pero yo realmente no lo
echo de menos. Soy igual de feliz y de desgraciado antes que ahora.
Me gusta dirigir mi vida aunque todavía siga siendo un incompetente.
Sé lo que debo hacer y lo que no debo... pero no puedo evitar poner
esa mirada de deseo al cielo cada vez que me apetece hacer algo.
domingo, 19 de febrero de 2012
Vas a tener que darme la razón
Los labios te dicen que te quieren y que te besan con una fuerza y ternura típicas de alguien que te aprecia. Las manos te tocan con calor, dulzor y suavidad, esa que tanto necesitas en tus días monótonos. Sus ojos te miran, te atraviesan y te desnudan con una profundidad y trascendencia que te hacen sentir débil, pero totalmente seguro. Su cuerpo te acompaña, baila a tu son y te abraza, haciéndote más grande, más sabio y más persona de lo que nunca llegarás a ser. Sus pies juguetean, te persiguen y se encojen al notar tu presencia para demostrarte que no quieren dejarte ir.
Dime la verdad, dime lo que te dice: que te ama, que te quiere, que te desea... Cuéntame el por qué de tu sonrisa, de tu buen humor y de tu ironía. Háblame de futuro, de buenas acciones y de esperanza. Muéstrame sus marcas en tu cuerpo, las marcas de amor que te caracterizan y tus labios desgastados pero húmedos todo el tiempo. Declara que te sientes especial, que eres único y que tienes suerte. Que tienes todo lo que te hace falta y pozos sin fondo de pasión y alegría. Que te envidian, te desean y te joden, pero tú sabes cual es el buen camino, tu camino.
Vas a tener que darme la razón: hay un punto luminoso en toda esta inmensa oscuridad que te hacen agarrarte con todas tus fuerzas a esta miserable vida, y ese punto siempre ha sido ella.
Dime la verdad, dime lo que te dice: que te ama, que te quiere, que te desea... Cuéntame el por qué de tu sonrisa, de tu buen humor y de tu ironía. Háblame de futuro, de buenas acciones y de esperanza. Muéstrame sus marcas en tu cuerpo, las marcas de amor que te caracterizan y tus labios desgastados pero húmedos todo el tiempo. Declara que te sientes especial, que eres único y que tienes suerte. Que tienes todo lo que te hace falta y pozos sin fondo de pasión y alegría. Que te envidian, te desean y te joden, pero tú sabes cual es el buen camino, tu camino.
Vas a tener que darme la razón: hay un punto luminoso en toda esta inmensa oscuridad que te hacen agarrarte con todas tus fuerzas a esta miserable vida, y ese punto siempre ha sido ella.
sábado, 18 de febrero de 2012
Hoy tengo ganas...
Hoy tengo ganas de huir, de escapar de mi pasado, del odio que me pudre por dentro, de la melancolía que siento cuando estoy solo. Quiero alejarme de la debilidad, de mi poca suerte y de mi silencio. Deseo echar a correr y no parar, hasta que mis pies sean puras ampollas, hasta que mis rodillas se doblen ante el calor, hasta que mis músculos se sequen del sudor... hasta que mi corazón diga: hasta aquí puedes llegar.
Hoy tengo ganas de llorar, de empedrar mi corazón en vacío, oscuridad y olvido. Quiero que mis uñas desgarren, que mis ojos se enrojezcan, que mis labios muerdan y que a mi cabeza no le queden ganas de nada. Quiero sufrir, para recordar, o quizás para olvidar. Quiero que sea mi propia voluntad la que apriete el gatillo y que mi cerebro sea el que impregne toda esta maldita habitación de rojo y gris.
Hoy tengo ganas dormir, de dormir eternamente. No debo nada y no tengo nada que agradecer. Todo estorba y todo me odia. Corazón por libertar, ojos por sinceridad. Que no me despierten para avisarme de que ya se acabó la pesadilla, que quiero vivir en ella. Sin pesadilla no hay final, y sin final no hay despertar. Que el suelo y yo seamos uno, que nos pisen y nos escupan por igual. Todo está preparado ya para el Juicio Final.
Hoy tengo ganas de despedidas que no tienen reencuentros. Que los que se olvidan siempre mueren y que los que mueren nunca vuelven. No me convenzan con cuentos y juglares, que la verdad bien escrita está. Vi mi destino y crees que me gusta, pero en realidad no es cuestión de gustos si no de asumir lo que toca. No soy nadie importante para mí, ¿cómo lo voy a ser para ti? De entre esta helada tierra sale mi adiós, de estos altos árboles mis condolencias, pero nunca de este inmenso bosque saldrá mi perdón.
Hoy no quiero formar parte de tu historia.
Hoy tengo ganas de morir.
Hoy tengo ganas de llorar, de empedrar mi corazón en vacío, oscuridad y olvido. Quiero que mis uñas desgarren, que mis ojos se enrojezcan, que mis labios muerdan y que a mi cabeza no le queden ganas de nada. Quiero sufrir, para recordar, o quizás para olvidar. Quiero que sea mi propia voluntad la que apriete el gatillo y que mi cerebro sea el que impregne toda esta maldita habitación de rojo y gris.
Hoy tengo ganas dormir, de dormir eternamente. No debo nada y no tengo nada que agradecer. Todo estorba y todo me odia. Corazón por libertar, ojos por sinceridad. Que no me despierten para avisarme de que ya se acabó la pesadilla, que quiero vivir en ella. Sin pesadilla no hay final, y sin final no hay despertar. Que el suelo y yo seamos uno, que nos pisen y nos escupan por igual. Todo está preparado ya para el Juicio Final.
Hoy tengo ganas de despedidas que no tienen reencuentros. Que los que se olvidan siempre mueren y que los que mueren nunca vuelven. No me convenzan con cuentos y juglares, que la verdad bien escrita está. Vi mi destino y crees que me gusta, pero en realidad no es cuestión de gustos si no de asumir lo que toca. No soy nadie importante para mí, ¿cómo lo voy a ser para ti? De entre esta helada tierra sale mi adiós, de estos altos árboles mis condolencias, pero nunca de este inmenso bosque saldrá mi perdón.
Hoy no quiero formar parte de tu historia.
Hoy tengo ganas de morir.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)