viernes, 27 de abril de 2012

El existente peso de la palabra

Las personas que han sido víctimas de las mentiras, de los asesinatos a su confianza por parte de las personas que habitaban en su corazón son las que piden más pruebas, más signos de interés.

Lo cierto es que no estoy del todo de acuerdo con aquel dicho que hace tiempo me repetían día tras día y que supongo que el lector se sentirá identificado conmigo si le digo que esta acosadora frase es: "Las palabras se las lleva el viento". Y no creo que haya sufrido tanto como los que demandan tanta sinceridad sin palabras y sí con hechos. Con mis más y mis menos, como todo el mundo, necesito creer fervientemente en las palabras de personas en las que confió y ¿por qué no? también en las que no.

¿Quién no se ha decepcionado con contradicciones de personas en las que habías hecho un hueco en tu corazón (o donde sea que lo hubiera)?. Y me da por pensar, y recapacito, y verdaderamente me preocupo.

Abusamos de las palabras importantes, de los verbos trascendentales y de los sentimientos verdaderos.
Nunca ha sido fácil organizar el propio pensamiento y saber lo que se dice y a quién se dice, pero, ciertamente, las palabras se nos escapan de las manos, en este caso de la boca.
Se han usado las palabras... perdón... mal usado las palabras que se refieren a nuestra verdad, convirtiéndolas en puro marketing, en patrañas sin fondo, en palabras sin lógica ni significado.

Me siento desolado cuando uso sinceramente palabras que tienen más fondo que forma y que significan más que mover los labios, la lengua y las cuerdas vocales como por ejemplo un "Te quiero" o un "Lo siento" y las personas actúan como si les hubiera dicho "Tengo una pecera" o "Bonito coche", como si fueran fases sin un significado verdadero que debieran integrar y procesar para saber que algo ha cambiado de ayer a hoy, que no somos los mismo de la otra vez...
¿Me entiendes? Puede que sí y puede que no.
La gente no se toma en serio lo que se le dice, y creo que te has dado cuenta. Y la pregunta del millón: ¿Por qué? ¿Por qué las personas tienen que equiparar tus palabras sinceras, recién salidas del corazón, con palabras de gente que le conviene engañar y complacer sin sentido? ¿Eres mejor tú que ellos? No, yo tampoco lo sé. Pero creo que la palabra tiene un poder inmenso que ninguno de nosotros sabe manejar, y mucho menos aceptar.

Y el intrépido lector podrá pensar: ¿Y entonces de qué sirve lo que este sujeto está escribiendo aquí?
Pues tampoco tengo respuesta para eso, aunque sí sé que no seré yo el que use las palabras como si de trapos viejos se trataran. Hay de las que no se dicen por decir o por romper el hielo y que tienen un significado que hay que desglosar y hacer el esfuerzo de entender y asimilar para cambiar el pasado y para mejorar el futuro.

Como he dicho al principio, no creo que las palabras se las lleve el viento. Más bien creo que se encierran en un viejo y pesado baúl en donde se pudren cubiertas de telarañas y se mezclan con basura sin méritos para existir.

¿Quieres un consejo? Abre ese ataúd al que he llamado cariñosamente baúl, limpia lo verdaderamente importante, tira por la ventana toda la basura y publicidad y asume que te puedes equivocar y sufrir, pero también siéntete privilegiado porque puedes acertar y sentir lo que es 'de verdad'.

miércoles, 11 de abril de 2012

Otra vez

Volvió la impotencia, la inseguridad y la tristeza.
En cierto modo es como volver al pasado en una máquina del tiempo desgastada y astillada.
¿Dónde quedaron esas ganas? No lo sé, pero estoy harto.
Prometo cambiar, mejorar, subir puestos y avanzar pero solamente cuando me duermo o cuando sueño, en la vida real es todo lo contrario.
Los cangrejos andan de lado, los humanos hacia delante... Yo, para no variar, camino hacia atrás.
¿De verdad no se puede empezar de nuevo? Bueno... pensándolo mejor no quiero desperdiciar otra vida, así que gastaré lo que me queda y que el de arriba decida que hacer conmigo.

El suelo se ha convertido en mi paisaje diario y, lo que es más probable, en mi mejor amigo.
Y es que quiero ser mi propio protagonista de mi historia feliz, el superhéroe que me salva en momentos difíciles, mi mejor amigo y, sobre todo, mi ídolo. Pero esos momentos no llegan, al contrario, se van ahogando en mis propias ganas y me van comiendo como termitas a la madera. Y es que no sé que hacer para sentirme mejor o útil.

Quiero ayudar a todo el que lo necesite, quiero plantar sonrisas por doquier, que se me conozca por algo bueno, por mi trabajo y esfuerzo... Quiero comerme el mundo, pero no tengo una boca tan grande.

¿El problema? Mi falta de constancia y mis pensamientos vacíos que matan mi tiempo y mis ganas.
Te enseño lo que tengo y verás mis defectos. Quizás mi falta de empatía, mis miedos estúpidos o mi fracasado pasado, pero no puedo, y no encuentro mi sitio ni esa sensación de plenitud.
Y la verdad es que no me muevo, quiero pero no puedo. Es impotencia, o falta de tiempo y de ganas, pero cada vez me siento peor. Quizás no sirvo para estar aquí o puede que no este preparado aún.

Hacer en lugar de pensar. Pero no sé la solución correcta.