lunes, 15 de octubre de 2012

¿Me lo preguntas a mí?

Dicen que sin ignorancia no habría futuro próspero. Si lo piensas detenidamente es verdad, pero siempre y cuando se quiera superar o destruir esa ignorancia.

El otro día me preguntaron qué es el amor de verdad. Pude contestas muchas cosas, pero en ese momento dije algo parecido a esto: "¿El amor de verdad? ¿Acaso existe un amor de mentira, que juega con nosotros, nos hace sufrir y llorar sin poder evitar caer en sus frías manos enmascaradas con cálida piel de cordero? El amor de verdad no existe, y tampoco el de mentira o falso. Es simplemente un invento comercial, creado para enriquecer a los que se aprovechan de nuestros sentimientos e ignorancias. 
El amor es pura teoría, es tan abstracto como Dios, o incluso más. Existe algo parecido, y que es real, tanto como nosotros mismo. Lo que te voy a describir no tiene nombre, forma o fecha, y te lo voy a explicar el porqué. 
No tiene nombre porque no se puede nombrar algo que no existe así como así. Cada persona tiene su idea de lo que es, ninguna válida y ninguna errónea, pero todas diferentes. Aquí viene el problema: ¿Cómo atreverse a llamar a algo tan dispar y tan abstracto, que nos domina e hipnotiza a su antojo a todos por igual pero a cada uno de distinta forma con una simple palabra de 4 letras? ¡No me llaméis loco! Preguntaos quién está siendo el incoherente aquí. Y yo tengo por seguro que no soy ese. 
No tiene forma porque no se puede ver, y mucho menos medir. ¿Te quiero mucho? ¿Te quiero un poco? Debo haberme perdido alguna lección de la madre naturaleza, porque no lo entiendo. Algo es pequeño o grande cuando se compara con algo; por si sólo el tamaño no existe, es un concepto dual, que depende de dos términos a su vez para poder darse. Pueden existir muchos a la vez, pero nunca uno será más que otro, porque no hay comparación posible ¿Acaso estoy rozando lo incoherente ahora? Ni mucho menos. A cada persona se le ama de una forma única e incomparable, o así debería ser (¿No os han dicho que cada uno de vosotros es único en el mundo? Qué menos que los demás os brinden un amor especial para vosotros.) Tampoco se puede comprar o traficar con él. Falso amor le llaman. A mí me hace gracia, porque ni es falso, ni es amor. No es nada. ¿Interés? ¿Placer? ¿Diversión? Puede. Quizá una mezcla de todo.
No tiene fecha porque cuando aparece se queda para siempre. Da igual que te arrepientas, que olvides o que duela. Es sedentario por naturaleza y no le gusta desaparecer de tu vista, mucho menos cuando has sido tú el que lo ha llamado. No hay que confundirlo con caprichos o gustos. Cuando llega, se hace notar y te cambia por completo, a ti, a tu vida y a los tuyos. Puedes volver a intentar recoger aquello a lo que llamabas vida tranquila, pero nunca volverá a ser lo de antes. Una vez me dijeron que era como un huracán que arrasa todo a su paso. Puedes intentar reconstruir todo, pero el terreno, la sociedad y las personas cambian para siempre, por mucho que se intente recuperar la situación. Me gustó esa alegoría. 

Bien, ¿y qué es realmente? Es una sensación que se equipara a una montaña rusa. Tiene partes tranquilas; en las que necesitas gritar; que posan un nido de mariposas en tu estómago; que te ponen nervioso, hasta el punto de poder soltar ni una palabra; que te secan los labios sin que toda la saliva de tu boca puedan saciarlos; en las que lo pasas mal y en las que lo pasas de escándalo y que cuando te bajas, al final de tu vida, no tienes palabras para describirlo a pesar de estar años en la 'atracción'. Sólo hay una forma de entenderlo: Subirse a ella. Y estoy seguro de que nadie se arrepiente de pagar entrada, por muy cara que sea. 
También es esa energía que te impulsa de la cama cada mañana; la fuerza que te hace sonreír cuando ves su cara entre tantas otras o admiras su foto en cualquier red social; lo que te obligar a cerrar tus brazos, acurrucarte en cualquier rincón y desear a cualquier estrella fugaz que eso no acabe nunca. Es lo que te inspira para evolucionar, para querer ser mejor persona o para vivir por una causa, y no por una excusa. 
Es un aura que te rodea y que todo el mundo nota. Lo que hace que te preocupes por ti y mucho más por la otra persona. Y así podría seguir hasta un sin fin de situaciones. 
¿Cómo diferenciarlo de todo lo demás? Muy fácil. Cuando todo sea adverso, vaya mal u odies la situación, siempre intentarás que sonría, que sea feliz, por encima de ti y de tus posibilidades, sin importar tus ganas, ánimo o deseos. La otra persona siempre está por encima de todo, hasta de la realidad."

Dicho esto, callé. Reinó el silencio por unos segundos y entonces de mi boca salió esta frase: "Eso es lo que te puedo decir y que quizás te digan otros, aunque también te pueden alegar lo contrario, pero ya sabes que yo siempre fui un soñador que nunca consiguió despertarse."

martes, 25 de septiembre de 2012

Nada que perder.

Sinceramente, hoy podría inventarme alguna historia de las que surgen en mi cabeza; escribiría algo bonito, algo que describa lo que siento por la persona a la que quiero conquistar algún día; estaría bien escribir algún tipo de reivindicación pidiendo un poco más de felicidad y sonrisas; incluso estaría dispuesto a inventar alguna excusa para dar un poco de esperanza a los que se sienten perdidos. No voy a hacer nada de esto. 

Estoy sentado en el balcón. Hay una brisa fresca y se respira tranquilidad. A mi alrededor el silencio es interrumpido solamente por el sonido de las hojas de los árboles. Tengo en mi mesa una hoja en blanco, un vaso lleno de Coca Cola con 43 y mi ordenador. Tenía pensado poner algo de música relajante o alguna batería de canciones que me gustasen, pero el silencio es muy goloso y me pide toda mi atención.
Veréis, me pasa siempre que tengo mucho tiempo libre, pienso demasiado y eso nunca es bueno. La luna parece que hoy está mas callada de lo normal, no quiere hablar conmigo y lo entiendo. Cada día la dejo tirada por su amigo, más grande y lleno de vida, así que ¿para qué lanzar mis preguntas al aire si nadie las va a poder (o querer) contestar?

Me pasan por la cabeza dudas como si estoy bien dónde estoy, siendo quién soy y, sobre todo, si estoy haciendo lo correcto. 
No he hecho nada digno de orgullo ni de reconocimiento. Quizás es normal, pero soy una persona que necesita sentirse orgulloso de sí mismo y ahora mismo no lo estoy. No he hecho nada malo, pero tampoco nada bueno. A veces creo que estoy viviendo sólo de paso, sin hacer ruido y sin marcar o me marque ninguna relación. Tampoco me veo preparado para ser un adulto, para la independencia o la autosuficiencia. 
En el centro de mi ser se encuentra la inseguridad y la desconfianza hacia mí mismo, que aparecieron de no sé donde pero que han venido para quedarse y yo se lo permito. 
Ellas a su vez crean miedo, el miedo a todo y que últimamente no me abandona ni para ir a comer. 
Mi voluntad, mis ganas de vivir y mi felicidad desaparecieron cuando salí por primera vez ahí fuera.
Quizás también tenga la culpa de que no me gusto, de que me miro al espejo y a mis ojos no le convencen lo que ven, quizás porque me falta constancia en todo lo que hago o porque me doy cuenta de que los demás avanzan mientras yo me encuentro estancado.

Nadie me puede pedir no decir eso o no sentirme así, porque ni si quiera yo sé porque lo hago. He esperado algún tiempo a ver si la situación cambiaba por sí sola, pero si algo he aprendido es que las cosas solo pueden cambiar cuando tú haces que cambien, y yo no sé cómo hacerlo.
¿Sabes la sensación de estar esperando un tren que te lleve a un sitio mejor, a un lugar donde tú puedas decir un día "Hoy soy feliz" y que no llegue por mucho que esperes? ¿Cómo hacer para que venga? Yo no lo sé.

Esta persona que escribe hoy no tiene ilusión por vivir, por esforzarse o por intentar, porque nunca obtuvo alguna recompensa, y eso también se aprende; tampoco tiene ganas de enamorarse ni de reír; no encuentra nada interesante allá fuera y no le entusiasma nada de lo que le puedan ofrecer. Hoy sólo pide morir y yo no se lo voy a impedir, porque la entiendo a la perfección. Así que dejaré que se vaya, que intente ser feliz allá donde la lleven sus pies y que realmente encuentre el camino, la vocación que necesita. Que viaje dónde sea, pero que donde esté se sienta realizado; que esté convencido de que lo que hace es lo que debe hacer; que no dude; que no sufra; que no tenga miedo, ni inseguridad; que sus defectos sean una parte a la que se deba amar como al resto. Pero que se de cuenta pronto, porque entonces ni yo mismo le podré convencer de no hacer alguna locura.

Él ya ha tomado una decisión. No mirará hacia atrás ni mostrará resentimiento o arrepentimiento, porque no echará nada de menos nada de lo que deje a sus espaldas. No va a volver, estoy seguro, porque morirá allá donde vaya. Volverá una persona con su mismo rostro, sus mismos defectos y su mismo nombre, pero será una persona totalmente distinta a la que un día todos conocimos. 

¿Por qué lo hace? Porque ya no le ve sentido a nada, ni una solución lógica a sus problemas. 
Él no tiene nada que perder, porque ya todo estaba perdido. Ahora sólo queda cambiar, ganar y, sobre todo, vivir.

martes, 28 de agosto de 2012

Todo para ti.

Quizás tengan razón. Quizás exagero demasiado o perdí la cabeza allá por mi adolescencia... o a lo mejor es que no sé hacia donde dirigir mis ganas de tener a alguien a mi lado.
No hay un porqué para esto que pasa por mi cabeza durante tanto tiempo, simplemente está ahí, sentado y mirándome, sin ganas de marcharse e intentando convivir conmigo día a día.

No sabría decir cuando empezó, creo que cuando te vi por primera vez, porque eras y eres guapa sin intentar serlo, porque no me parecías y no me pareces lo que ahora se encuentra por todos lados o porque sonreías y seguro que sonríes por cualquier cosa, por muy poco graciosa que suene.

Me culpo siempre que puedo por no haber aprovechado ese año como debería haberlo hecho; por no cruzar más palabras contigo que un leve saludo por las mañana; por no mirarte durante todo el tiempo que me fuera posible y por creer que esto sería "pan comido".
También me siento mal, muy mal, por no ser lo que estás buscando. Sé que aunque diera el 110% de mí te seguiría pareciendo poca cosa; algo o alguien que no se debe tener en cuenta. Porque nunca sabrás que todo lo que pienso y siento va dedicado hacia a ti, y lo entiendo. Lo cierto es que no hay motivo para que tú me hayas encandilado más que otras, ni si quiera que me siga acordando de ti, pero no sé... Lo que sé es que vi algo en ti que hizo un corte entre el antes y el ahora en lo que a necesitar se refiere.

No solo tu forma de verte me embaucó: Tus ojos me hipnotizaron, tu boca me obsesionó y tu pelo me perdió... tú me enamoraste. ¿Lo peor? Que pasó sin que tú hicieras nada, sin querer y sin ningún esfuerzo. Por eso no creerás lo que pudiste llegar a cambiar en mí; por eso siempre creerás que lo que escribo lo hago pensando en cualquier otra antes que en ti.

Después de tanto tiempo sin verte, tanto tiempo sin hablarte, no ha cambiado ni el más mínimo detalle hacia ti. Es raro, pero sin conocerte ya te echo de menos, y no creo que eso cambie si llegara el momento de la verdad...¿o quizás sí?
Yo no sé si se puede amar lo desconocido, pero a mí me pasa contigo. Es así. La cosa surgió así, yo no busqué nada, sencillamente me conquistaste con tus miradas perdidas y tu 'no se qué' que tienes y que hace que yo te vea especial.

Ya no me da miedo pronunciar la palabra 'Amor'. ¿Por qué no iba a hacerlo después de tantos años siendo fiel a querer conocer a una sola persona y desechando a todas las demás? Ya no me importa, ni eso ni nada. Ésto sólo puede ser amor o locura, y me considero la personas más cuerda que he conocido, con mis más y mis menos.
Hablo de amor, sí, pero no es un amor cualquiera. No me pongo metas, ni compromisos, ni mucho menos exigencias. Simplemente está ahí, apuntando hacia una persona constantemente, mi musa o mi amor platónico. Eso sí, me obliga a actuar, a hablarle aunque sea difícil y ella no ponga de su parte; a que tire la toalla una y otra vez para que más tarde vuelva siempre a recogerla del suelo; a que espere como un tonto que sea ella la que salude primero o a que me imagine constantemente estando los dos juntos, en cualquier lugar y en cualquier momento.

Con el paso del tiempo y con la madurez aprendí que cuando se ama de verdad, no importa si esa persona está contigo, si te conoce o te ignora. Lo que de verdad importa en el amor es que te sientas feliz cuando ella sea feliz, aunque sea con otra persona o en la otra punta del planeta.

Sinceramente, aunque sea tarde, muy tarde, voy a intentar dar lo que pueda, no me gustaría quedarme con esa espina, pero aceptaría y me alegraría ver su sonrisa y la felicidad en sus ojos siempre, sea como sea y con quien sea.

Mi batalla no está acabada, pero sí está ganada.
Eso es el amor. Ese es mi amor... y es todo para ti.

viernes, 24 de agosto de 2012

¿Nos rendimos ya?

Hay días que la batalla empieza perdida sin salir de entre las sábanas, y no sabes porqué, sólo entiendes que necesitas pasar el día lo más rápido posible y sin hacer más ruido que todo lo que te rodea. Te vuelves sensible a las palabras y los corazones de los demás; las lágrimas están detrás de la puerta esperando a que dejes de hacer fuerza para que puedan salir y caer al cálido suelo que pisas; tu sonrisa desapareció entre la noche y no se sabe donde acabó. Quizás muy lejos. Las dudas se apoderan de los rayos de sol que llegan a ti, volviéndolo todo oscuro y tenebroso y sin permitirte ver lo realmente importante y valioso; ignoras a las personas imprescindibles y a las que aún no lo son tanto por igual, sin distinciones, ni si quiera te importas tú, ¿por qué lo ibas a hacer por ellos?...

Son días difíciles, que no encuentras sentido a lo que eres ni a lo que haces. No tienes paciencia para que todo lo bueno llegue y sin embargo esperas, y esperas, y esperas, y lo bueno no llega. ¿Lo estás haciendo mal? Yo creo que no. La gente trata de convencerte, que hagas ésto o hagas aquello, como si ellos tuvieran la llave a tus problemas... COMO SI TÚ FUERAS UNO MÁS.

Tú sabes más de esto que yo, seguro, pero si quieres mi opinión, es esta: Se fiel a tus principios, siempre. No te traiciones a ti mismo y todo irá sobre ruedas; apóyate en amistades sólidas, que estén en lo bueno y en lo malo, en las risas y las lágrimas, en la soledad y en la compañía; tú eres único (Sí, lo has leído bien: inimitable) y diriges una vida tú solito: ámate, quiérete, respétate y acéptate. Verás como así encuentras cientos de personas que lo hagan incluso mejor que tú. Lo hagas bien o lo hagas mal, estoy seguro de que estarás orgulloso de tus errores y de tus éxitos; tú eres bueno, especial y agradable cuando hay que serlo. Es imposible que te vaya mal. A las personas buenas le sólo les pasan cosas buenas, ¿no crees?.

¿Quién dice que eso es Debilidad? Los ignorantes. Ellos son los que no saben que esos momentos no son para los débiles, sino para los fuertes y para los que poseen un alma lo suficientemente capaz de soportar cualquier tortura que le propongas.
No tires la toalla, no abandones, no digas nunca "Hasta aquí", porque tu límite está donde los demás no pueden llegar; tu vida es algo más que un ciclo de luz-oscuridad. Tu vida son pensamientos, sentimientos, emociones, amistades, amor, familia, sinceridad, compromiso, diversión, trabajo...
Cambiar es bueno, siempre y cuando se haga por alguien que merezca la pena, ya sea estar triste o estar feliz, vivir una monotonía o experimentar todo tipo de cosas, mirarse el ombligo o mirar por los demás.
Y así podríamos estar hasta el día en que nos digan que hablar no es gratis.

No te dejes empapar de tristeza y de dudas nunca, y si lo haces que sea por un buen motivo. Tú ya me entiendes.

sábado, 18 de agosto de 2012

Mi enfermedad

Un inesperado día pasó, sin más. No sé exactamente ni cómo fue ni lo que es, sólo sé que me cambió la vida desde ese momento.
Desde hace unos años padezco una especie de enfermedad, que todo el mundo tiene oculta en lo más profundo de su ser pero que a mí me afloró en mi actitud como si un imán la atrajera hacia el exterior. 
No se puede ver ni tampoco tocar, pero sí se puede sentir a través de las palabras; las mías propias.
Ningún especialista está suficientemente cualificado para saber a ciencia cierta lo que ocurre, se quedan estupefactos, andando por las ramas e incluso alegando que era todo una patraña o una mentira de un joven aburrido y con dudoso equilibrio mental.

Mi "enfermedad" no me produce dolor ni picor; tampoco impide mi movilidad o afecta a alguna función importante de mi cuerpo. Todo está como debe estar y en sus niveles normales.
Lo que me hace padecer es desaliento, ni si quiera merece llamarse tristeza, porque tengo infinitas ganas de reír y de divertirme. Es como si en mi alma echara algo de menos, algo que yo no puedo recordar o que no sé lo que es. Hace que me cueste mucho levantarme por las mañanas, que los números se repitan en mi reloj cómo si no quisieran moverse, para dejarme atrapado entre ellos para siempre. Me obliga a mirar al cielo y suplicar algo que, repito, no sé que es, pero sé que lo necesito. Me pregunta cada día "¿Qué haces aquí?", "No lo mereces" o "Sabes que no te vas a arriesgar". Es la culpable de que no llegue a los corazones de la gente, a que sea una estrella fugaz en su vida o a decepcionar constantemente a los que dejan que recoja un poco de su confianza.

El miedo le ayuda a hacerme sentirme así, inútil. Es su complemento perfecto, como si fueran amigos fieles de toda la vida. Me obliga a pensarme las cosas dos, tres, veinte, cien veces para que luego tire la toalla sin ni siquiera empezar a prever la derrota. Realiza cualquier tipo de cambio o truco en mis ganas para desistir en todo y no ser parte de nada.

Algunas noches me desvela, reclamándome atención o perdón, y yo la escucho. Otras ni si quiera me deja conciliar sueño, y yo la respeto. Hace que muchas veces tenga ganas de llorar; de llorar sin pausa ni control pero no me apetece darle ese placer. Ella sabe que me posee, pero no me domina.

He aprendido a vivir con ella. Aunque sea una vida triste, es la mía y no puedo odiar la única que he conocido. No hay fármaco que la cure y tampoco profesional o persona que la haga desaparecer... O quizás sí. 

jueves, 19 de julio de 2012

El único

Pedir es gratis y siempre creí que pedía demasiado, supongo que por capricho y cosas innecesarias.
Con los años aprendí que, pidiendo lo mismo que siempre había querido, no era suficiente en comparación con lo que los demás ansiaban y me hizo dudar sobre si estaba haciendo bien las cosas.
No aumenté la cantidad mis peticiones, pues estas no se cumplieron nunca (y aún no se han cumplido), pero sí que insistí en mejorar su calidad a medida que mi razón y mi madurez se iban haciendo con el control.

Ingenuo de mí, deseaba encontrar a alguien que me amara locamente, que lo diera todo por mí sin dudar ni un instante; que fuera lo único en lo que pensara durante el día y al que abrazara toda la noche. Quería que hubiera alguien que me hiciera feliz con su mirada, que sus manos me acariciaran como si fuera un peluche o un bebé adorable.
Alguien con quien no supiera que era aquello a lo que se llamaba Tristeza y Soledad; que me cuidara y se riera conmigo de todo lo que nos pasara. Anhelaba una persona que, mientras condujera mi coche, apoyara si cabeza en mi hombro; al ver una película sintiera sus brazos rodeándome y deseándome; acercando sus carnosos y rosados labios a mi oído me dijera que me quería, sin miedo ni arrepentimiento, como se debe decir.
Quería observar como un bobo su rostro angelical mientras durmiera a mi lado; hacerle el amor como nunca se lo habían hecho, como punto cumbre del amor, y no por simple y llanamente placer carnal. Me imaginaba cantando con ella en la ducha, mientras las gotas de agua caliente se deslizaban por nuestra piel, como si fuéramos un solo ser, pegados y unidos por siempre. Que sus miradas pícaras y descaradas nunca se acabaran; abrochar y desabrochar todo lo que ella no pudiera, no llegara o no quisiera; que mis labios pudieran devorar su blanca sonrisa embaucadora; que sus ojos azules me congelaran el corazón y cerraran la puerta para que nada ni nadie pudiera entran o salir nunca más.

Como ya he dicho, pedir es gratis, por eso creo que pido demasiado. Sinceramente, no creo que nunca llegue a ser mío, pero es raro que, a pesar de no tenerlo, soy feliz buscando aquello que un día escribí en un viejo papel escondido en el cajón más profundo de mi mesa y no conformarme con falsos velos o esperanzas que se venden o regalan a modo de propaganda cuando cae el sol.
Aprendí que si deseo algo que ahora pocos buscan, tengo que pensar y hacer otras cosas; cosas que no sé qué o cómo son, pero seguro que existen. No me puedo conformar con lo que veo o con lo que me ofrecen, yo necesito sentir y hacer que sientan. Algunos ríen y otros no lo entienden, pero sé que si quiero encontrar algo especial, no puedo ser como los demás.

Yo quiero ser el único para cuando ella venga. 

sábado, 7 de julio de 2012

Destino

Me encontré en durante el camino de la vida una encrucijada entre mi camino ya establecido y otro que apareció de la nada, como una mala presencia.
Había algo que no me gustaba pero, por otro lado, me tentaba demasiado.
Sabía que la curiosidad mató al gato, pero también sabía que tanto si seguía mi camino como el otro, acabarían matándome, así que cambié mi rumbo y me envolví en una brisa tenue y oscura.
Cientos de ojos sangrientos me miraban desde las sombras producidas por la frondosidad de un bosque en el que sus árboles carecían de hoja alguna. Llegaban hasta donde alcanzaba la vista, tanto al horizonte como al cielo.
No tenía miedo, ya que estaba en ese momento de la vida en el que sientes que no tienes nada y que no le importas a nadie, aunque seas la persona más afortunada del mundo. "Ciego que no quiere ver" me decían, pero no sabían que mi mente y mi corazón engañaban constantemente a mis sentidos, haciéndome sentir inútil y sin futuro.
Andaba de un modo lento y observador, como si estuviera interesado en los detalles del paisaje, pero por más que caminaba, no veía nada distinto a lo que vi en un principio. El camino se repetía, como si estuviera andando en círculos. Parecía ser una ruta sin fin, incluso pensé que si daba la vuelta tampoco saldría de allí. No llegaban ni el sol ni sonido de agua hasta donde yo estaba, por lo que no me pude guiar para saber a ciencia cierta si estaba en la dirección correcta.

Me paré en seco y me puse en cuclillas. No sé si empezaba a arrepentirme o era el cansancio el que había hecho que me cesara la marcha. Cerré los ojos y vi a personas mirándome dentro de mí; era extraño porque no había visto a nadie desde que comencé a andar hace ya.... mucho. Los "otros" me miraban con preocupación y curiosidad. Todos tenían arrugas y pelo canoso, lo que me hizo pensar que no eran reales, era solo una ilusión un espejismo que había aparecido por casualidad o por necesidad.

Comenzaron a hablar y lo primero que mencionaron fueron todas mi imperfecciones, que no eran pocas. Hicieron que me sintiera muy mal y, como no, me puse a llorar como si no hubiera consuelo en el mundo para mi. Se les veía disfrutar y sonreír al verme sufrir.
-¡PARAD!- grité con una voz que nunca había salido de mi garganta.
Ellos pararon de hablar con un gesto extrañado.
- Chico - dijo una señora con voz muy dulce - si vas a seguir por este camino vas a necesitar que te digamos tus fallos.
- ¿Por qué? - Pregunté secándome las lágrimas que pude de la cara.
- Porque has escogido el camino difícil y tienes que aprender de tus errores y aceptar tus imperfecciones. Nosotros no estaremos siempre aquí así que marca con fuego y sangre estas palabras en tu cabeza: las decisiones importantes no se piensan, se hacen.
Y con esas palabras se esfumaron, según lo que dijeron, temporalmente, hasta que necesite más ayuda de que por mi mismo no puedo conseguir.
No sé que pasó, pero sin que yo diera órdenes a mi cuerpo de levantarse y caminar, lo hizo.
Me sentía con fuerza, con una vitalidad que nunca había presenciado en mi cuerpo y, sobre todo, con muchas ganas de caminar, aunque no hubiera nunca un final.

Así estoy en estos momentos, caminando sin parar; no veo el final y tampoco me siento feliz pero ahora cuento con la compañía de dos amigas que hacen que todo sea más fácil y que, estoy seguro, harán que el camino llegue a su fin y puedo encontrar el tesoro que lleva por nombre "Fortuna": Aceptación y Constancia.

lunes, 2 de julio de 2012

Está anocheciendo...

Apenas tengo un vago recuerdo de lo que soy. Ya no camino por miedo a tropezarme, ni pienso en mis defectos por miedo a suicidarme; no quiero asumir las consecuencias, porque sé que harán que parezca un desgraciado e infravalorado ser.

Esta noche duermo junto al olvido, que nunca me deja; no me abandona. Me abraza entre sus gélidas extremidades, sabiendo que nunca nos separaremos. Hace que todo se vuelva oscuro y tenebroso para que mi amor por se se vuelva infinito e irrompible por alguien más. Tengo miedo... y él lo sabe.

Esta noche no hay cabida para el amor, aquel que ya me ha defraudado en incontables ocasiones y que va y viene como las olas del mar. Mi corazón ya se divorció de mis sentimientos. Que no encuentro miradas por la calle porque quizás no tenga nada interesante o productivo que dar u ofrecer, y lo entiendo, porque soy todo lo que un día odié.

Esta noche se han escondido las risas, las carcajadas de las que la vida y yo nos empachábamos día tras día, segundo tras segundo. La soledad me ha hecho más fuerte, pero más infeliz. No quiero ser lo que soy ni cómo soy, por eso no acepto mi presente y tampoco mi futuro.

Esta noche toca pedir perdón; perdón por existir y por llorar; por reír y disfrutar. Aquellos que un día confiaron en mí o pusieron sus esperanzas en sobre la palma de mi mano. Hoy toca lamentarse, regocijarse en el dolor y pensar en la deseada muerte, porque, al fin y al cabo, es sólo un punto más que separa tu cuerpo del mio.

Esta noche los ladrones robaron mi inspiración. La enjaularon en sacos de sufrimiento y desencuentros. Me apalearon con desamor y con traición. Me amordazaron con cansancio, errores y tristeza. Se burlaron de mí por mostrar mi sonrisa al mundo y mi amor clásico a las chicas con las que deseaba estar. Se metieron con mi nombre, rimando con ásperas y frívolas palabras malsonantes. Me arrancaron el alma y el corazón, que no eran los míos, pues estaban empeñados o vendidos desde el primer momento en que te conocí, sino que eran los tuyos. Y eso me volvió loco.

Esta noche... Esta noche se está pareciendo mucho al resto de mi vida.

lunes, 18 de junio de 2012

Futuro Incierto


Como muchas noches, he soñado con algo que ha hecho que mis ojos empapen la almohada; ha conseguido que despertar sea querer morir, no vivir. Pero esta vez había algo diferente... algo de verdad.
Así sucedió, así lo soñé y, por supuesto, así lo relato:

Me desperté cansado, mi cuerpo pesaba más de lo habitual. Estaba tumbado en una cama de matrimonio un tanto descuidada, porque incluso la parte en la que no estaba durmiendo se encontraba revuelta, sin hacer; se podría decir que estaba peor que la mía. Me incorporé como pude y me sorprendí al ver mis pies; no eran los míos. Me levanté de un salto y la espalda rugió como si en una selva llena de bestias me hallara. Me quedé unos segundos inmóvil, no podía moverme. Tenía la sensación de que me iba a partir por la mitad.
Cuando el dolor menguó un poco, corrí hasta el baño todo lo rápido que mi desgastado cuerpo me permitió. 
No sabía lo que ocurría hasta que el espejo me dio la respuesta: Ese no era yo.
En él se reflejaba a un hombre mayor, muy mayor, de unos cincuenta años. Tenía algunas arrugas apenas apreciables en los ojos y en la frente. Casi no tenía pelo en la parte superior de la cabeza, y el que le quedaba en las otras zonas tenía un color grisáceo un poco triste. Era extraño, porque esos ojos y ese circulito pequeño en la parte derecha de la frente sí que eran míos, estaba seguro de ello; era lo único que pude reconocer de mi desconocido rostro.

En la repisa, al lado del lavabo, había un montón de botecitos de pastillas que no si quiera me molesté en leer, ya sabía lo que estaba pasando. De alguna manera tenía treinta años más de los que debería, como si hubiera viajado al futuro.
Estaba mirando mis finas, arrugadas y extrañas manos cuando, sin avisar, entró por la puerta del baño... ¡Ella!.
- No puede ser.- pensé - Esto debe ser un sueño.
Me pellizque en la cara y me dolió, cosa que no suele suceder si no fuera real.
Estaba cambiada. Tenía también algunas arrugas en la cara y su pelo era corto y negro, no largo y castaño como cuando nos conocimos. Pero sólo hay un rostro en esta vida del que me haya enamorado perdidamente, y era ese, no había duda.
No podía dejar de mirarla, preguntándome qué había pasado y qué hacía en esa casa conmigo. No tenía sentido, no la veía desde que era un adolescente, perdí el contacto con ella y de repente allí estaba, buscando no se qué en el armario. No podía hablarle y mucho menos preguntarle qué estaba pasando.
De repente me miró, sonrió y me dijo:
- ¿Tú tampoco has dormido bien? Tienes mala cara, necesitas tu típica dosis de pastillas, abuelo.
- Yo... - susurré.
-¡Ya, ya! no hace falta que me lo repitas siempre. Sé que no te gusta que te diga abuelo, y menos yo con mis muchos años también. - expresó con una sonrisa sincera pero infantil.- Bueno... entonces, ¿Dónde decías que me ibas a llevar hoy? ...Deja que haga memoria... ¡Ah, sí! Hoy toca comida romántica, ¿verdad?

No, definitivamente ese no era yo, y mucho menos esa era mi vida.
Conseguí olvidarla, pasar página, ser feliz... ¿Por qué? ¿Por qué ahora? ¿Qué es todo esto? Decidí seguir el juego, no tenía nada que perder, sólo podía ganar.
- Por supuesto, mejor comer fuera que envenenarnos el uno al otro cocinando en casa. - dije en tono bromista.
- Que gracioso... Eso lo dices porque tú cocinas peor que yo. - Replicó sacando la lengua.
Salió de allí y se fue a otra parte de la casa, así que aproveché para ponerme un traje negro que estaba puesto sobre una silla. Me quedaba fenomenal, como si fuese mi conjunto perfecto. 
Cuando estaba colocándome la chaqueta, me llamó la atención un cuadro muy decorado que había al lado de la puerta y en el que salíamos los dos, cuando éramos jóvenes, abrazándonos y riendo. Tenía unas palabras escritas en la esquina inferior derecha. Cuando intenté leerlo, ella entró por la puerta sin que me diera cuenta, me abrazó por detrás y me susurró al oído:
-Nunca estamos seguros de lo que es el amor, pero siempre lo esperamos con los brazos abiertos- repitió literalmente la frase del cuadro.
-¿Lo nuestro es es amor? - Pregunté en un tono de falsa ignorancia.
-Mis brazos no están abiertos, te están rodeando. - Sentenció con una voz angelical que hizo que mis ojos se empañaran un poco de la emoción.
Dejó de abrazarme y me di la vuelta para mirarla. ¡Estaba preciosa! Se había puesto un vestido verde que me hacía recordar aquella juventud con la que yo aún no me había podido deleitar. Llevaba un collar, muy llamativo y bonito a la vez, que tenía su fin en una piedra turquesa que reposaba unos centímetros más abajo de su cuello. Su sonrisa y sus ojos eran el complemento ideal para tenerme enganchado, observando constantemente su cara, como si se tratara de un vicio del que no podría vivir si me privaran de él.
Sin duda, me podría enamorar una y otra vez de ella de mil formas y maneras distintas durante el resto de mis días.

Lo posterior a esa escena del sueño no viene de forma muy clara a mi mente. Sólo recuerdo que estábamos en una pequeña mesa redonda muy bien preparada y que ella no paraba de reír, tapándose la boca para no soltar ninguna carcajada más fuerte de lo normal, evitando que la tomaran por una loca, y a la vez intentando que sus lágrimas no cayeran por su rostro. Cuando paró de reír, sacó a relucir su sonrisa, se quitó su destacado collar, puso su cara a 10 centímetros de la mía y, cogiendo mi mano, me dijo: "Tienes que marcharte ya. Toma esto, sabrás lo que tienes que hacer, pero te daré una pista: dieciocho de Julio. Ha llegado la hora de despedirnos, pero recuerda que esto no es un adiós, sino un hasta luego"
En ese momento abrí los ojos, que estaban empapados de lágrimas y noté que mi corazón iba a "cien por hora". Me levanté corriendo en dirección al espejo y me percaté de que había vuelto a la normalidad, volvía a ser joven. Todo era igual y estaba tal y como lo dejé... pero yo no me sentía contento. Quería volver; volver para quedarme. Noté que en mi mano izquierda había algo que la rodeaba: ¡Era su collar! No sabía cómo diablos había llegado allí, pero era real. Aunque sólo fuera un simple objeto, del que yo nunca me podría enamorar, era de la persona a la que yo quería, así que lo traté como si de mi corazón ,cristalizado y herido, se tratara.
Acabé asumiendo mi nueva condición y esperando a que todo aquello llegase. En mi cabeza sólo se repetía una frase, no sé si de lamento o de esperanza, pero sí que era totalmente cierta: 
"Quizás ese sea mi futuro, pero en este momento es sólo una parte de mi pasado."

miércoles, 13 de junio de 2012

Es cuestión de edades.

Hacía frío a pesar de estar en el mes de Abril. El cielo estaba nublado y se podía apreciar la caída de las primeras pequeñas gotas que chocaban contra los paraguas de las personas allí reunidas. Empezaba a oler a tierra mojada, un olor que a mí me encantaba, y me dibujé una sonrisa en la cara.
Mi tía me regañó y me dio un golpe, no muy fuerte, para que me mantuviera serio. Y lo cierto es que sólo había que mirar alrededor para poder ver que no era un ambiente animado, todo lo contrario.
Vino mucha gente, quizás más de 100 personas y todos de negro. Los hombres iban muy bien trajeados y las mujeres, a pesar del frío, la mayoría llevaban vestidos con colores pálidos.
En medio de aquel lugar extraño, rodeado de muros con los nombres de personas y algunos con fotos incluso, había dos cajas enormes de madera con una cruz en la parte superior. Era curioso como llamaban la atención, pero nadie las miraba; todos mantenían sus ojos, o bien mirando al frente, o hacia el suelo.
Pero para mí eso no era importante, había visto demasiadas cajas de madera, incluso más grandes y fascinantes que esas.
Mis tíos y yo estábamos esperando a mis padres y nos encontrábamos en la entrada de aquel lugar tan tétrico. Habían salido hace tres días no sé donde y no habían vuelto, parece que venían justo para esa reunión que allí tenía lugar.
Tenía pensado echarles una bronca, y bien gorda. En mis 9 años de vida, nunca me habían dejado solo tanto tiempo, y encima sin avisar. Menos mal que vino mi tía después de unas horas a mi casa, llorando porque me había quedado sólo toda la tarde. ¡Normal! casi me muero de hambre, todo por un descuido de mis padres... No tienen solución. Y todo eso, obviando que me habían mentido; antes de salir se despidieron con un beso en la mejillla (cada uno en una, como siempre hacían) y dijeron que volverían en unas horas, debían hacer un "mandado". Esa palabra nunca me sonó nada bien, era como si lo que era encubierto por la palabra "mandado" no se pudiera saber o fuera un "supersecreto" de estado. Lo solían utilizar mucho unas semanas antes de mi cumpleaños, pero no sé porqué. Ya en casa de mis tíos, me dijeron que mis padres se habían ido a otro ciudad porque un amigo se había puesto malito y tenían ganas de verlo y comprobar cómo estaba.
- Pues anda que se van a preocupar más de su hijo que de un amigo - dije yo
Ellos no dijeron nada. Salieron de la habitación y supuse que ahí acabó la conversación.

Estando en la puerta (una verja enorme y negra) mi tía empezó a llorar desconsoladamente y muy fuerte. Mi tío, que estaba al lado de ella, le dijo:
- Hay que mantener la compostura, no te vengas abajo ahora.
- No puedo seguir con esta mentira, tengo que decirselo. - dijo ella sin poder quitarse las manos de la cara.
- Tita, ¿Qué te duele? ¿Otra vez la rodilla? - comenté yo siendo el ser más inocente de la Tierra.
- No, me duele el alma- contestó ella.
Volví la cabeza al suelo y no volví a abrir la boca porque no sabía ni qué era eso y ni mucho menos cómo se curaba.
Unos minutos después, la gente comenzó a salir de allí, parece que la "fiesta" había acabado".
Todo el mundo se despedía de mis tíos y de mí, nos daban besos, abrazos y repetían una y otra vez una frase muy extraña: "os doy mi pésame". Pero a mí no me dieron nada.
Cuando se fueron todos, nos quedamos los tres un rato más allí, pero mis padres no venían, así que por lo visto mis tíos se hartaron de esperar y nos fuimos a casa.

Todos los días de ese mismo año volví a aquella verja enorme y negra a la misma hora de aquel día, pero ellos no regresaron, así que decidí que lo más lógico era esperar en casa de mis tíos a que volveran a buscarme e irnos los 3 juntos, como siempre habíamos estado, a casa.
5 años después de eso, aún siguen estando con su amigo enfermo y seguramente se habían olvidado de mí.

lunes, 28 de mayo de 2012

Primero lo malo

Pasó la media noche y todo se volvió oscuro y silencioso.
Se abrió la puerta lentamente y entró con aires de grandeza, cómo si mereciera ser alabado. Venía cantando y riendo. Parece que fue una gran noche.
Se asomó al cuarto de las niñas y sonrío al verlas dormir como dos pequeños ángeles. Acto seguido, abrió la puerta de su dormitorio y su esposa ya estaba acostada, así que le dio un beso en la frente y la observó durante unos minutos con una sonrisa de oreja a oreja. Bajó a la cocina y se sentó en la mesa con una cerveza bien fría, como a él le gustaba. Hacía calor, así que se desabrochó la corbata de su traje y se abrió un poco el cuello. Su mirada traspasaba la ventana a la que miraba de forma obsesiva; estaba demasiado pensativo para estar tan contento. Estaba feliz de estar allí, sentado, relajado y con un futuro próspero.
No sé qué se le pasó por la cabeza, pero puedo intuirlo. La vida le iba bien, demasiado bien.

Con apenas 13 años se encontraba perdido, desorientado y sin apoyos. No quería ni sabía vivir como los demás lo hacían. Iba al instituto sin esperanzas de ser alguien en la vida, sin ganas de vivir hasta la vejez en aquel antro de ciudad. Lloraba muy a menudo, y no porque no quisiera vivir, sino porque todo le parecía malo.
No vale la pena mencionar la autoestima y el prestigio; son palabras que no aparecían en su diccionario.
Pasaba las noches esperando a que su superhéroe favorito entrara a través de las rejas de su cuarto y se lo llevara volando a otra ciudad, a otro país... incluso a otro planeta.
Siempre fue un chico raro, y no porque lo diga yo, se veía a simple vista. No tenía apenas amigos y los pocos que tenían más que amigos eran enemigos, sólo fastidiaban e incordiaban. Lo cierto es que fue un niño ejemplar, extraordinario y risueño... hasta que pasó "eso".
No sé si fue tan grave como él cree o que era demasiado vulnerable al dolor y la crueldad, pero no salió bien parado de "eso".
No me voy a parar en detalles, sólo necesitáis saber que "eso" le marcaría durante una larga temporada de la forma que sigue: Se atrincheró en su casa durante un año entero, no quería ver a nadie, ni salir a la calle; tampoco quería hablar o mostrar su debilidad. Simplemente quería estar solo, y eso hizo, acompañarse de la soledad durante mucho tiempo. Le temía a todo lo que le rodeaba y más al futuro que se le echaba encima. Empezó a tartamudear y a evitar hablar incluso son su familia. Por supuesto, su mente siempre le propuso como alternativa factible el suicidio, y no creáis que no pensó mas de una vez en llevarlo a cabo. Empezó a rendir mal en el instituto, suspendía y más de una vez tuvieron que llamar a sus padres para tener una charla orientadora. No sabían lo que realmente pasaba. Si fueran conscientes de ello, quizás lo habrían llevado a un especialista o un psicólogo.
Pero ¡joder! Salió adelante con ayuda del tiempo y sus distracciones.
A la vista de todos puede parecer una persona normal, pero creedme que es el resultado de una cadena de infortunios lo que las personas de su entorno ven.
Hoy en día sigue creyendo que podría haber sido mucho mejor de lo que es ahora, si no hubiera pasado "eso". Se podría desenvolver mejor, interactuar con los demás sin sentirse mal, nervioso o culpable; que sus calificaciones no habrían bajado del 10; habría triunfado en la vida siendo un prestigioso investigador o profesional en si área de conocimiento. Está y estoy seguro de que habría sido así. A veces tiene manías y miedos desenfundados, pero creo que es lógico después de haber pasado por "eso" él solo.

Hoy, con 38 años ya, recuerda todo eso como una anécdota de su vida, que la hace especial y distinta a las demás. No odia, no sufre y no derrama una lágrima más desde que acabó la carrera y se graduó, aunque asume que le costó mucho superarlo sin que haya huella aparente. Ya todo eso pasó y ahora es feliz, como nunca habría imaginado y yo me alegro mucho por él. Tiene un empleo ayudando a gente con problemas parecidos al suyo ¡y vaya que si los entiende! así que es el mejor en su trabajo. Es reconocido por todos los profesionales como uno de los mejores en el tema de trastornos de ansiedad y estado de ánimo. Tiene dos niñas preciosas engendradas en un feliz matrimonio con una de las mujeres más bellas que he podido ver con mis ojos. Ha superado todos los problemas infranqueables de una manera esplendida: le gusta hablar con la gente, informarse de los acontecimientos mundiales, dar charlas y conferencias (cosa que antes le aterraba) a jóvenes y profesionales en el área especializada.

Siempre que lo veo me confirma que vive con la idea de que si no hubiera pasado por esa horrible temporada, ahora no sería tan feliz y no estaría tan orgulloso de sí mismo. Así que constantemente da las gracias a aquellos que le hicieron vivir un infierno que conducía al paraíso.

Sfg: El pasado no influye en el futuro, sólo debes centrarte en vivir el presente. Tú decides lo que eres cada día de tu vida. En tu mano está aceptar el pasado y ser el dueño de tu felicidad, o dejarte llevar por la angustia y el dolor.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Una Guerra De Dos

Hace mucho que no sé que es eso de la felicidad; quizás nunca la experimenté, pero ya ni si quiera se oye hablar de ella. Es como si hubiera muerto por un desafortunado disparo, como si hubiera escapado del planeta en una de sus naves espaciales.
Las cosas han cambiado desde que desperté. El sol no se atreve a asomarse a su balcón nuboso para ver lo que hace su gran creación, parece que tiene miedo, miedo de nosotros, sus hijos.
No hay colores, todo es un gris tenue y tremendamente triste. Nos queda humo y ceniza de lo que fue nuestro hogar y la culpa de esta transformación devastadora es única y totalmente nuestra.
Hace calor y apenas puedo mantener saliva en mi boca. No tengo fuerzas para pensar, para averiguar cómo diablos hemos llegado a este trágico punto. Me duele todo el cuerpo y tengo mucha fiebre, pero ni si quiera lo noto porque ya no sé cuál es la diferencia entre estar sano y enfermo.
Se oye gente llorando y gritando con un desconsuelo y desgarro inhumano, pero ni si quiera tengo valor ni fuerzas para volver mi vista hacia ellos. Voy buscando algo que ni si quiera sé lo que es.
Entre tanto, no recuerdo cómo me llamo, ni dónde estoy. Mis defectos y virtudes se borraron de un plumazo. ¿Cuál es mi camino ahora? - resonaba constantemente en mi cabeza.

Fue entonces cuando escuche disparos y pude mirar hacia delante con algo más de claridad.
No recordaba nada, ni siquiera si era humano o bestia, pero me vino todo a mi memoria cuando te vi frente a mi, delante de un montón de fuego y gas negro, como si fuera la figura de mi salvadora que viene a rescatarme de este infierno viviente donde nos hallamos indistintamente todos. Te recordaba más que a ninguna otra cosa en este mundo, si es que me quedaba algo más por lo que pensar.

Mírame cuando te hable, mírame para que pueda ver la sangre en tus ojos, el desprecio en tu rostro... Mírame para comprobar que no eres tú. No veía la luz de tu sonrisas, ni la verdad en tus labios; sólo había cabida para el dolor y la muerte. Y ahora estábamos el uno delante del otro de nuevo, como siempre había sido pero como nunca me lo hubiera imaginado.
Intentaba hablarte pero tú parecías una estatua; un maniquí con cara de rabia y sufrimiento. Trataba de entender quién o qué te cambio la rosa que te regalé por un arma de fuego, quién te quitó tu bonita celpa roja y te encajó ese casco verde. Tenía que averiguarlo pero no quería descubrirlo.
Al final fue todo una mentira; una broma de la que no había ni causa ni consecuencias. Supongo que hemos cambiado, y eso no me gusta.
La idea de que no entender porqué te fuiste, porqué no existes en realidad... es algo que me aterra.

viernes, 27 de abril de 2012

El existente peso de la palabra

Las personas que han sido víctimas de las mentiras, de los asesinatos a su confianza por parte de las personas que habitaban en su corazón son las que piden más pruebas, más signos de interés.

Lo cierto es que no estoy del todo de acuerdo con aquel dicho que hace tiempo me repetían día tras día y que supongo que el lector se sentirá identificado conmigo si le digo que esta acosadora frase es: "Las palabras se las lleva el viento". Y no creo que haya sufrido tanto como los que demandan tanta sinceridad sin palabras y sí con hechos. Con mis más y mis menos, como todo el mundo, necesito creer fervientemente en las palabras de personas en las que confió y ¿por qué no? también en las que no.

¿Quién no se ha decepcionado con contradicciones de personas en las que habías hecho un hueco en tu corazón (o donde sea que lo hubiera)?. Y me da por pensar, y recapacito, y verdaderamente me preocupo.

Abusamos de las palabras importantes, de los verbos trascendentales y de los sentimientos verdaderos.
Nunca ha sido fácil organizar el propio pensamiento y saber lo que se dice y a quién se dice, pero, ciertamente, las palabras se nos escapan de las manos, en este caso de la boca.
Se han usado las palabras... perdón... mal usado las palabras que se refieren a nuestra verdad, convirtiéndolas en puro marketing, en patrañas sin fondo, en palabras sin lógica ni significado.

Me siento desolado cuando uso sinceramente palabras que tienen más fondo que forma y que significan más que mover los labios, la lengua y las cuerdas vocales como por ejemplo un "Te quiero" o un "Lo siento" y las personas actúan como si les hubiera dicho "Tengo una pecera" o "Bonito coche", como si fueran fases sin un significado verdadero que debieran integrar y procesar para saber que algo ha cambiado de ayer a hoy, que no somos los mismo de la otra vez...
¿Me entiendes? Puede que sí y puede que no.
La gente no se toma en serio lo que se le dice, y creo que te has dado cuenta. Y la pregunta del millón: ¿Por qué? ¿Por qué las personas tienen que equiparar tus palabras sinceras, recién salidas del corazón, con palabras de gente que le conviene engañar y complacer sin sentido? ¿Eres mejor tú que ellos? No, yo tampoco lo sé. Pero creo que la palabra tiene un poder inmenso que ninguno de nosotros sabe manejar, y mucho menos aceptar.

Y el intrépido lector podrá pensar: ¿Y entonces de qué sirve lo que este sujeto está escribiendo aquí?
Pues tampoco tengo respuesta para eso, aunque sí sé que no seré yo el que use las palabras como si de trapos viejos se trataran. Hay de las que no se dicen por decir o por romper el hielo y que tienen un significado que hay que desglosar y hacer el esfuerzo de entender y asimilar para cambiar el pasado y para mejorar el futuro.

Como he dicho al principio, no creo que las palabras se las lleve el viento. Más bien creo que se encierran en un viejo y pesado baúl en donde se pudren cubiertas de telarañas y se mezclan con basura sin méritos para existir.

¿Quieres un consejo? Abre ese ataúd al que he llamado cariñosamente baúl, limpia lo verdaderamente importante, tira por la ventana toda la basura y publicidad y asume que te puedes equivocar y sufrir, pero también siéntete privilegiado porque puedes acertar y sentir lo que es 'de verdad'.

miércoles, 11 de abril de 2012

Otra vez

Volvió la impotencia, la inseguridad y la tristeza.
En cierto modo es como volver al pasado en una máquina del tiempo desgastada y astillada.
¿Dónde quedaron esas ganas? No lo sé, pero estoy harto.
Prometo cambiar, mejorar, subir puestos y avanzar pero solamente cuando me duermo o cuando sueño, en la vida real es todo lo contrario.
Los cangrejos andan de lado, los humanos hacia delante... Yo, para no variar, camino hacia atrás.
¿De verdad no se puede empezar de nuevo? Bueno... pensándolo mejor no quiero desperdiciar otra vida, así que gastaré lo que me queda y que el de arriba decida que hacer conmigo.

El suelo se ha convertido en mi paisaje diario y, lo que es más probable, en mi mejor amigo.
Y es que quiero ser mi propio protagonista de mi historia feliz, el superhéroe que me salva en momentos difíciles, mi mejor amigo y, sobre todo, mi ídolo. Pero esos momentos no llegan, al contrario, se van ahogando en mis propias ganas y me van comiendo como termitas a la madera. Y es que no sé que hacer para sentirme mejor o útil.

Quiero ayudar a todo el que lo necesite, quiero plantar sonrisas por doquier, que se me conozca por algo bueno, por mi trabajo y esfuerzo... Quiero comerme el mundo, pero no tengo una boca tan grande.

¿El problema? Mi falta de constancia y mis pensamientos vacíos que matan mi tiempo y mis ganas.
Te enseño lo que tengo y verás mis defectos. Quizás mi falta de empatía, mis miedos estúpidos o mi fracasado pasado, pero no puedo, y no encuentro mi sitio ni esa sensación de plenitud.
Y la verdad es que no me muevo, quiero pero no puedo. Es impotencia, o falta de tiempo y de ganas, pero cada vez me siento peor. Quizás no sirvo para estar aquí o puede que no este preparado aún.

Hacer en lugar de pensar. Pero no sé la solución correcta.

jueves, 29 de marzo de 2012

Música

Cada segundo, cada minuto, cada hora y cada día.
Cada mañana, cada tarde, cada noche, en cada salida y puesta de sol.

Es una magia que no tiene explicación, pero tampoco hay que buscársela.
Deja que te traspase, que fluya por tu cara, por tus extremidades.
Siéntela, siéntete bien.
Deja que sea el motor de tus lágrimas y las puertas de tus sonrisas, que todas las emociones salten como trampas; que te transporte a lugares inolvidables en donde eres el protagonista, donde salvas vidas, o incluso donde vuelas. Flota con cada nota, canta con cada voz, ama con cada instrumento
Permite que te guíe en el amor y en la amistad, que te muestre el camino hacia la alegría; que entre en tu vida sin llamar, que te de todo pidiendo nada a cambio; deja que tu alma salga de tu cuerpo y que se introduzca en otros, que trote, que salte, que pierda los papeles.
Piérdete en su armonía como si de un frondoso bosque se tratara, pero encuentra siempre el camino con su ritmo.
Que te duela tanto como una herida o una muerte y que te produzca tanto placer como hacer el amor. Que te sirva de inspiración para tus acciones, como lo hago yo al escribir esto. Utilizala como una fuerza de voluntad, un impulso, un punto de apoyo. Consuélate en sus melodías, abrazarla como a cualquier otra persona, con virtudes y defectos. Arrepiente y pide perdón con ella.
Llévala siempre contigo de cualquier forma posible, no te sentirás solo.
Llega donde quieras, siempre gracias a ella, siempre con ella. Utilízala para apologías y también para críticas, pero nunca uses esto último con ella. Ámala como se merece, pues no se debe odiar a la música ni a los que la oyen.

Siempre ha estado ahí, desde el principio, y lo sabes pero no te has dado cuenta. Desde pequeño, cuando empezaron los cambios y sobre todo ahora que eres una persona completa. Deja que te acompañe, tan lejos como quieras o puedas llegar, nunca te defraudará, te lo aseguro.
No escuches a nadie, ni si quiera a mi, ni siquiera a ti mismo. Pon un CD, la radio o Youtube, coge una guitarra, un piano o incluso unos palos de madera, ya que ahí están tus días buenos y tus días malos, tu felicidad y tu tristeza, tu locura y tu cordura, tus seres queridos y tu personalidad.

Así es, ahí es donde estas tú.

sábado, 24 de marzo de 2012

Yo, Ello y Superyo.


No me considero normal, ni creo que esté en la media, ni que cumpla las normas de lo correcto... ni si quiera que esté en un punto entre los dos extremos de esta línea en la que todos nos encontramos. Pero, por favor, no quiero confusiones. Que me sienta distinto no quiere decir que crea que soy mejor, ni mucho menos. Es más, creo que es negativo para mi.

Muchas veces deseé ser como los demás: tener los mismos gustos, las mismas aficiones, los mismos hábitos. Siempre me he sentido un bicho raro vaya donde vaya, creo que eso ya forma parte de mí. Nunca me abandonaron los pensamientos de ser el que sobraba o estorbaba, incluso el que no se merecía nada.
Me he pasado días enteros acompañado pero sólo, feliz pero triste, vivo pero muerto.
Mi mejor consejera y amiga ha sido la Soledad. Ella me acompañaba siempre, incluso los innumerables días en los que no salía ni hablaba con nadie. Ella ha sido un pilar de lo que ahora soy.
Me aislaba del mundo ¿Por qué? No lo sé, quizás porque me sentía ahogado, porque me sentía utilizado o simplemente, porque odio al ser humano.

Siempre he tenido miedo, miedo al día a día, a los errores, a lo desconocido, a las burlas... Creo que también me tengo miedo a mí mismo, soy lo que más me asusta. Mi cerebro cumple todos los requisitos para que sea un psicópata en potencia o un enfermo mental con una camisa de fuerza. No siento compasión por casi nada en esta vida y creo que la mejor forma de solucionar los problemas es cortando la raíz (o en este caso la cabeza) de los causantes de todo lo malo que pasa hoy en día. No tengo remordimientos prácticamente nunca, no de tipo vital.
¿La vida te parece bella? Yo no sabría qué responder, creo que a mi me ha tratado como un hijo bastardo, como la oveja negra de la familia. No sé si me gusta vivir o no, lo que si sé es que muchas veces me gustaría haber apretado el gatillo, lanzarme al vacío o no emerger del agua para tomar aire. Sí, no te asombres de lo que mi negro y empedrado corazón deja salir. La vida sólo me servía para pasarlo mal, para aburrirme y para odiarme cada día más. Es difícil de explicar, pero cuando no sabes o tienes a qué agarrarte, es difícil ver la utilidad de la vida. Por eso, espero que nunca lo entiendas como lo llegué a hacer yo, porque puede que si llegas al punto donde algunos hemos estado, temo que te cueste la vida.
Creo que en esta vida hay que ser frío y no mostrar debilidad por nada ni nadie. Esconde tus puntos débiles porque siempre alguien se aprovechará de eso e intentará hacerte sufrir utilizando aquello que más adores. Ya sabes, el ser humano es malo por naturaleza.
Es por esto que prefiero la soledad y la frialdad, para no dañarme ni dañar a nadie.
A veces viajo a través de mi imaginación, que me gusta más que el mundo real, y puedo estar en mi mundo durante horas, mirando a la pared o al cielo y estar a la vez viviendo mi propia fantasía, como si se tratara de un estado de 'coma', sonriendo o llorando, lo vivo como si fuera real y eso es lo que lo hace especial.
Muchos días me encuentro triste, hundido sin un por qué. Lloro cuando estoy solo sin saber el motivo. Quizá porque sé que mi vida, mis sentimientos, mi felicidad... quizá porque todo es una mentira. Miento más que hablo, pero no para hacer daño, sino todo lo contrario. Dicen que mentir está mal pero ,en mi caso, lo hago por necesidad. No quiero que sepan quien soy ni lo que soy.



No me gusto, ni me gusta mi pasado, pero hay algo que si que me gusta: Mi presente.
No sé como, pero he cambiado mi forma de ver la vida. Llevo una sonrisa por bandera. No me importa lo que la gente haga o diga y menos si es sobre mí. Voy como quiero y donde quiero, sin importarme nada. Sigo teniendo miedo a muchas cosas, pero creo que he superado los peores. Si la vida me importa es algo que dejo que conteste el tiempo por mí, sólo sé que quiero ayudar a las personas a que sepan valorar su vida, lo que tienen y lo que son, y que no pasen por lo que yo. Cuando lloro no me echo la culpa, me comprendo y me apoyo. Soy mi mejor amigo. He aprendido a querer a la soledad como ella me ha querido a mí, por eso no me asusta. No dependo de los demás, sólo de mí y de mi motivación. Creo que soy mejor de lo que era antes y que no puedo estar más por encima de lo que estoy ahora. No sé si este es mi límite, pero estoy feliz por llegar donde he llegado y ser como creo que soy. Tengo muchos defectos, quizás demasiados, pero estoy satisfecho con ellos, porque si no los tuviera ni los podría mejorar, ni no sería yo.
He aprendido que hay gente que no se merece vivir donde los demás vivimos, pero también me he dado cuenta que hay otros que se merecen dar tu propia vida por ellos.
Ahora quiero más, quiero evolucionar, abarcarlo todo, quiero comerme el mundo. ¿Por que ahora? Bueno, supongo que no tuve adolescencia así que ese sentimiento de invencibilidad me ha llegado con retraso, pero estoy tranquilo, me esforzaré y trabajaré para olvidar todo lo malo y ser cada vez mejor, conmigo mismo y con los demás.

¿Crees que he sido exagerado? Quizás, pero no olvides que estás hablando con un demente.

sábado, 10 de marzo de 2012

Promesas

Llegué al hospital corriendo, sin aire, sin fuerzas y creo que hasta sin vida.
Pregunté en que habitación te encontrabas sin apenas voz. Tenía la sensación de que solamente emitía sonidos sin sentido. A pesar de esto, me entendieron y me indicaron que estabas en la planta 14.
¿Curioso verdad? Nos conocimos el día 14 de Septiembre justo hace 14 años, pero en ese momento no me paré a pensarlo, no tenía ni tiempo ni ganas.
Llamé al ascensor con los ojos empapados en lágrimas que no querían caer al suelo resbalándose por mi cara, preferían quedarse conmigo un poco más, haciéndome compañía.
  • Señor, ¿está usted bien? - Me preguntó una mujer que apareció al abrirse la puerta del ascensor.
  • No señora, creo que me muero. - Contesté metiéndome rápidamente en el ascensor
Sin más palabras, el ascensor se cerró conmigo dentro y sin nadie más.
Ni siquiera veía los números del panel, así que respiré hondo, me sequé los ojos como buenamente pude y seleccioné el botón 14. Fue ahí cuando caí en el número y me derrumbé. Me senté (por no decir me tiré) en el suelo con las manos en la cara, tapando mis lágrimas. No pude hacer lo mismo con mis llantos, que seguramente se oirían desde más allá de aquella sólida estructura.
Tenía ganas de gritar, de desahogarme golpeando alguna pared. Pero no lo hice, el miedo y la tristeza me lo impedían como si se trataran de dos matones cogiéndome cada uno de un brazo.
Además de está frustración, tenía la sensación de que llevaba en aquel maldito ascensor horas, quizá días.

Por fin, después de aquella amarga espera la puerta se abrió pero yo estaba totalmente desorientado. No sabía donde estaba, ni donde ir, ni tampoco quién o qué era exactamente yo.
Cuando recobré el poco sentido que me caracteriza, salí del ascensor, no sin problemas a la hora de hacerlo. Me temblaban las piernas como si estuviera caminando hacia la misma muerte, aunque también lo hacía el resto de mi cuerpo. Tenía frío, demasiado frío. Camine por el pasillo como si se tratara de un pasadizo escondido en la parte más interior de un bosque, sin más destino que el presente y que sólo lo controlas tú.

Por fin llegue al cuarto donde te encontrabas. Me detení en la puerta y, sin hacer ruido, miré hacia dentro para ver lo que me esperaba. Era un cuarto enorme en el que sólo te encontrabas tú, tumbada y con los ojos cerrados. Tenías esa sonrisa en la cara, tu sonrisa de siempre, esa que me contagiaba día tras día, esa que hizo que me enamorara de ti.
Entre con paso ligero y me puse a tu lado para verte mejor. No tenías buena cara pero seguías igual de preciosa que siempre. Te cogí la mano con mucho cuidado como a ti te gustaba que te la cogiera: entrecruzando los dedos.
Abriste muy lentamente los ojos, ampliaste tu sonrisa y dijiste susurrando mi nombre pero yo lo oí perfectamente.
  • ¡shh! Calla, no digas nada, sólo descansa. - Dije con las lágrimas ya cayendo por mi cara.
  • Escuchame, necesito hablar contigo... - Dijo ella con más fuerza en la voz
  • Ya tendremos tiempo para hablar, tenemos todo el tiempo del mundo – Repliqué yo con una sonrisa nerviosa.
  • No... Los dos sabemos... que ya no hay tiempo... ya no.
Me quedé sin contestar, no quería que mi grave voz se antepusiera a la suya, siempre tan aguda, tan melódica y tan mágica.
Después de unos segundos de silencio en la habitación, continuó diciendo:
  • Siento haberte hecho daño muchas veces, tantas que ya no las recuerdo. Siento ser como soy. Siento no haberte dado todo lo que te mereces. No estar ahí cuando más lo necesitabas... Siento que hayas tenido que aguantarme tanto tiempo.
  • ¡Pero...!
  • Espera, por favor. Siento no haber sido la mujer perfecta para el hombre perfecto. Ahora tienes que seguir tu camino pero debes hacerlo tú solo.
  • Prométeme que cuidarás de nuestra hija como me cuidaste a mí. Prometeme que no cambiarás nunca, que no llorarás por mí y que me perdonarás por todo lo que he hecho mal.
  • ¡Pero...!
  • Por favor, sólo di sí o no...
  • Prométemelo.
  • Te lo prometo.
  • (Sonreíste como nunca antes lo habías hecho delante de mí.) Bien, ahora sí puedo irme en paz.
  • ¡Quédate! ¡Quédate, por favor! ¡Yo sin ti no soy nada, no tengo qué hacer ni donde ir! Si tú te vas yo me voy contigo!
  • Jeje, tranquilo, como tu has dicho, tenemos todo el tiempo del mundo. Y tú te tienes que quedar, recuerda que me has hecho una promesa.
  • Pero si te vas no habrá tiempo, ¡no existirá!
Entonces miró hacia el techo con los ojos bañados en lágrimas, tantas que no se le veía el color azul de estos. Me cogió muy fuerte la mano, como si nunca me la quisiera soltar, y me dijo con una valentía y con un esfuerzo sobrehumano apretando los labios:
  • Le pediré a Dios que os guarde a ti y a la pequeña un sitio al lado del mio allí, en lo más alto del cielo... ¡Esa será mi promesa!
Rompí a llorar, tan fuerte que las personas del pasillo se asomaron a la habitación. Era tanto el revuelo externo e interno que no me di cuenta de que tu boca y tus ojos se cerraron, de que te notaba más fría y de que tu mano ya no apretaba a la mía.
Te fuiste sin que te pudiera decir todo lo que te quería, todo lo que eras para mí, todo lo que me hiciste sentir... y así podría seguir hasta reencontrarme contigo.
  • Me quedaré aquí como querías – dije gritando con dolor, tristeza y llanto – pero espero que tú también cumplas tu promesa.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Hoy

Hoy no me quiero ser yo para reconocerme.
Necesito un aliento, un empujón, una ayuda, o un buen consejo.
Deseo un buen amigo, no que me comprenda, sino que me oiga.
Quiero ver de lo que soy capaz, quiero ver si soy más fuerte que mis sentimientos.
Me gustaría llorar, llorar sin pausa ni consuelo, pero a la vez quiero reír, reír fuerte y a carcajadas y que entre en mis labios todas las lágrimas que caigan, pero que sea un circulo sin fin.
Ansío volar, pero no por mí mismo. Quiero hacerlo con las alas que tú me des, me da igual como sean y cuando me las otorgues. Hago lo que sea para no dejar de mirar al cielo, pero mi cigarrillo se apaga, y prometí que te dedicaría 5 minutos al día.
Necesito un reloj para saber que mi tiempo pasa, que es como el de los demás, que al menos tenemos algo en común. Mis sueños me hacen especial, pero a la vez me convierten en algo que no quiero ser, en algo que no soy. Ella lo vio, vio el frío, la soledad y la oscuridad, pero ¿Qué esperaba que hiciera? Nada.
Ahora sólo me queda esperar, algo que he hecho toda mi vida y a la que aún no me he acostumbrado.
Necesito otra tierra, necesito otro cielo y otra esperanza, que me arrebató este último ajuste de vicio.
Esto que hay aquí dentro se va ahogando, pero no de agua ni de humo, sino de melancolía. Sólo quiero irme, salir, abandonar, desertar... Mi propio ángel me cerró el camino al paraíso, ¿Crees que tengo ya algo que perder? Empieza a preocuparte, no por mí, sino por mis actos.
Hoy quiero sentarme sólo, que nadie sepa que estoy allí, que me observen pero que no me miren, que no sientan ni pena ni alegría, que no me miren ni como un héroe ni como un villano.

Hoy soy otra persona, pero no para verme morir, sino para verme vivir.

domingo, 26 de febrero de 2012

Volaste sin despegar

Volaste... volaste para no aterrizar nunca más.
Yo ni siquiera sabía quien eras y puede que aún no lo sepa.
Todos me cuentan cosas sueltas de ti. Una pizca de aquí, otro cachito de allá, otro poco de más al fondo...
Solo era una niña cuando te fuiste sin despedirte, sin decir adiós o sin darme un beso en la mejilla.

No me importa lo que pasó, ni si quiera si no estás aquí. Sé que me ayudas en todo lo que hago, que eres parte de mis decisiones y que me despejas de piedrecitas el camino de mi vida, esas piedrecitas que hacen que te caigas y que tengas que volver a levantarte.

Estás siempre al lado de mi cama cuando me voy a dormir y sigues ahí, mirándome, cuando me levanto a la mañana siguiente.

No sé nada de ti, pero tu lo sabes todo de mí. Te veo en fotos riendo, feliz, sin nada de que preocuparte.. y me gusta lo que veo. ¿Sabes esa mirada perdida que pones cuando no sabes donde ir? Sí, también me he fijado, aunque en realidad me fijo y presto atención en todo lo que tiene que ver contigo.

Me gustaría volver a ser una niña, una niña inocente que no se daba cuenta de las cosas, a la que cogías en brazos como aliento de vida. A veces me arrepiento de no recordar prácticamente nada, de no haber aprovechado más el tiempo contigo. Si volvieras todo sería diferente, estoy segura.

No lo sabía... no conocía la mano del futuro. Realmente eran cartas malas.

No sé nada de ti, pero estoy segura de que te tienes alas, alas de ángel, y que en lugar de subir al paraíso, te quedaste al lado de mi cama.

Más de una vez

Entró, cerró la puerta y se sentó en silencio, pero tú la oíste.
Levanto la mano, habló y se calló, pero tú sólo la miraste.
Conversaba, reía, cantaba y bailaba, y tú solo te embobaste.
Se tocó el pelo, te miró y sonrió, pero tú no contestaste.
Vivió, peleó, se alegró y lloró, y tú te enamoraste.
La oíste, la miraste, la recordaste y te enamoraste, pero ella no tardó en olvidarte.

sábado, 25 de febrero de 2012

Prototipos


No sé como surgió el tema, pero creo que eso es lo de menos. Hablamos sobre el futuro, sobre nuestra amistad y sobre la familia. Me dijiste que estabas solo durante mucho tiempo y que echabas de menos a alguien a quien besar al llegar a casa, a quien decir "te quiero", a quien acariciar el pelo...
Supongo que fue un reto mutuo el pensar cómo sería la persona con quien nos sentiríamos a gusto y empezaste hablando tú.
Me dijiste que te gustaría que fuera una chica morena, alta, con ojos azules y una figura escandalosa. Le pediste que fuera simpática, sincera y sin obligaciones ni preocupaciones. Que viviera cerca de tu casa, para poder verla todos los días y sobre todo que fuera inteligente, teniendo al menos una carrera acabada y ocupando un puesto de trabajo fijo.
¿Qué dije yo? Lo recuerdo perfectamente: No me importa su físico, ni su posición social, ni si quiera si congeniaba conmigo o no. Únicamente pedí que me quisiera tanto como yo podría llegar a quererla.

Ahora eres feliz con esa mujer perfecta que apareció de la nada y me alegro, porque realmente te lo mereces.

¿Yo? No se si es cuestión de merecer o no, supongo que querer a alguien sólo está al alcance de unos pocos y lo que parecía fácil y sencillo, es más complicado de lo que lo pintan.

Baja el tobogán

Hoy he recordado los días en los que mi padre me llevaba al parque. Yo sólo contaba con 5 o 6 años. Era realmente feliz. No importaba conocer o no a los demás en el parque, te lanzaban la pelota y se reían como si fueras su compañero de juegos de toda la vida. Recuerdo de forma muy detallada cómo miraba a mi padre cuando me acercaba al tobogán. Nos compenetrábamos perfectamente, sabía que mis ojos reflejaban deseo y los suyos, aunque no siempre, trasmitían aceptación. Reía siempre que lo miraba así.
Desde el día que me caí de lo alto del tobogán, no podía montarme sin mirarlo y ver ese permiso inexistente que me prestaba.

Lo he pensado bien y he leído mucho acerca de "volver a tener 5 años" sobre muchos amigos y escritores, pero yo realmente no lo echo de menos. Soy igual de feliz y de desgraciado antes que ahora. Me gusta dirigir mi vida aunque todavía siga siendo un incompetente. Sé lo que debo hacer y lo que no debo... pero no puedo evitar poner esa mirada de deseo al cielo cada vez que me apetece hacer algo.

domingo, 19 de febrero de 2012

Vas a tener que darme la razón

Los labios te dicen que te quieren y que te besan con una fuerza y ternura típicas de alguien que te aprecia. Las manos te tocan con calor, dulzor y suavidad, esa que tanto necesitas en tus días monótonos. Sus ojos te miran, te atraviesan y te desnudan con una profundidad y trascendencia que te hacen sentir débil, pero totalmente seguro. Su cuerpo te acompaña, baila a tu son y te abraza, haciéndote más grande, más sabio y más persona de lo que nunca llegarás a ser. Sus pies juguetean, te persiguen y se encojen al notar tu presencia para demostrarte que no quieren dejarte ir.
Dime la verdad, dime lo que te dice: que te ama, que te quiere, que te desea... Cuéntame el por qué de tu sonrisa, de tu buen humor y de tu ironía. Háblame de futuro, de buenas acciones y de esperanza. Muéstrame sus marcas en tu cuerpo, las marcas de amor que te caracterizan y tus labios desgastados pero húmedos todo el tiempo. Declara que te sientes especial, que eres único y que tienes suerte. Que tienes todo lo que te hace falta y pozos sin fondo de pasión y alegría. Que te envidian, te desean y te joden, pero tú sabes cual es el buen camino, tu camino.

Vas a tener que darme la razón: hay un punto luminoso en toda esta inmensa oscuridad que te hacen agarrarte con todas tus fuerzas a esta miserable vida, y ese punto siempre ha sido ella.

sábado, 18 de febrero de 2012

Hoy tengo ganas...

Hoy tengo ganas de huir, de escapar de mi pasado, del odio que me pudre por dentro, de la melancolía que siento cuando estoy solo. Quiero alejarme de la debilidad, de mi poca suerte y de mi silencio. Deseo echar a correr y no parar, hasta que mis pies sean puras ampollas, hasta que mis rodillas se doblen ante el calor, hasta que mis músculos se sequen del sudor... hasta que mi corazón diga: hasta aquí puedes llegar.

Hoy tengo ganas de llorar, de empedrar mi corazón en vacío, oscuridad y olvido. Quiero que mis uñas desgarren, que mis ojos se enrojezcan, que mis labios muerdan y que a mi cabeza no le queden ganas de nada. Quiero sufrir, para recordar, o quizás para olvidar. Quiero que sea mi propia voluntad la que apriete el gatillo y que mi cerebro sea el que impregne toda esta maldita habitación de rojo y gris.

Hoy tengo ganas dormir, de dormir eternamente. No debo nada y no tengo nada que agradecer. Todo estorba y todo me odia. Corazón por libertar, ojos por sinceridad. Que no me despierten para avisarme de que ya se acabó la pesadilla, que quiero vivir en ella. Sin pesadilla no hay final, y sin final no hay despertar. Que el suelo y yo seamos uno, que nos pisen y nos escupan por igual. Todo está preparado ya para el Juicio Final.

Hoy tengo ganas de despedidas que no tienen reencuentros. Que los que se olvidan siempre mueren y que los que mueren nunca vuelven. No me convenzan con cuentos y juglares, que la verdad bien escrita está. Vi mi destino y crees que me gusta, pero en realidad no es cuestión de gustos si no de asumir lo que toca. No soy nadie importante para mí, ¿cómo lo voy a ser para ti? De entre esta helada tierra sale mi adiós, de estos altos árboles mis condolencias, pero nunca de este inmenso bosque saldrá mi perdón.

Hoy no quiero formar parte de tu historia.
Hoy tengo ganas de morir.

martes, 10 de enero de 2012

El Amor.

Solía ser una palabra prohibida, incluso vedada por disciplinas e instituciones, pero esa época ya pasó.
Incluso el querer daba miedo oírlo. Desconozco si es por el qué dirán, el pánico al compromiso o cualquier otro motivo.

Ahora se dice con normalidad, no se ve raro. Para mi gusto,se una con demasiada facilidad.

No sé que pensar de esas personas que desconocen por completo con quien están y levantan la cabeza con orgullo gritando a los 4 vientos: "Te amo" o incluso "Eres mi vida" (esta es mi favorita)

No es una crítica, ni mucho menos. Sólo quiero que se reflexione sobre lo que se dice.
Como bien se sabe, las palabras se las lleva el viento, pero hay veces que son demasiado pesadas como para dejarse arrastrar por una bocanada de aire y así luego encuentras gente llorando en sitios ocultos, arrastrándose por las esquinas y consolándose en el primer hombro que tienen a mano.

No se le da importancia a lo que no tiene, o mejor dicho: a lo que no llega a tenerla.

¿Quieres mi opinión?
 Si estar enamorado lo asemejas a estar feliz, orgulloso o auto-realizado... siento decirte que estás
tremendamente confundido.

¿Quieres oír algo peor?
 El amor es todo lo contrario.

domingo, 1 de enero de 2012

No me importa

Ya escribí demasiadas cartas de amor. Escribí las suficientes para darme cuenta de que no valen para nada.

Ya me me han dicho "No" tantas veces que es lo único que se decir.

Me quedo horas frente del espejo, mirándome a los ojos: ¿Por qué? ¿Qué hago mal? ¿De verdad acaba siempre así?

A veces no hay un por qué o una razón, sólo te queda echarle la culpa al destino (o a tu maldita suerte).
Eres inferior a los demás, pero tu moral hace que te sientas diferentes o especial a los demás. No necesitas a nadie.

He perdido tiempo en todo lo que he hecho. Ya no hay espacio para más cicatrices en mi corazón. Lo he blindado en piedra, para que nadie pueda entrar y, lo que es más importante, para que nadie pueda ver o sepa lo que quedó ahí escondido, triste y dolorido.

No hay forma de cambiar, supongo que eso era lo que estaba escrito. No estoy hecho para amar ni para que me amen.

Toda esa ilusión y calidez del principio ahora no es más que humo, polvo, odio y frío, sobre todo frío (yo diría helado).


Pero no siento lástima ni de mi mismo, carezco de esa ternura que antes me caracterizaba.
 He cambiado, no se si a peor o a mejor, pero no me importa:
Mi mente siente menos.
Mi corazón piensa menos.