sábado, 31 de diciembre de 2011

Cada Uno.

Llegó al colegio una chica nueva en el mes de Febrero.
Parecer ser que se habían mudado a esta ciudad por motivos familiares aunque, sinceramente, los desconozco.

Su aspecto era... extraño, nunca había visto alguien como ella. Su piel era blanca como la nieve y sus ojos azules como el mar. Su pelo, negro como el carbón, hacía un contraste espectacular. Ni gorda ni delgada, ni alta ni baja, o por lo menos, yo no me fijé en eso. No reía nunca. En el recreo se sentaba sola en un banco y ahí permanecía media hora, inmóvil.
No tenía amigos, pero parecía como si no los quisiera o necesitara.
Era "la más lista de la clase" desde el primer momento que llegó. Sacaba todo 10, pero nunca se alegraba al saber sus calificaciones.

Los alumnos veteranos se reían de ella, le preguntaban tonterías, en definitiva, se metían con ella.
Todos y todas la miraban con desconfianza, con odio o con envidia.

Yo no me considero ni mejor ni peor que los demás, pero yo no la veía así.
 La veía triste, aunque la rodeaba un aura agradable. No podía dejar de mirarla. Supongo que me conquistó y no se el por qué. No era más guapa que las chicas más populares de la escuela, pero ese misterio y esa soledad le daban una curiosidad que me embaucaba por completo.

Creo que fue la primera vez que me enamoré.



¿Lo entiendes?
Da igual cómo seas o cómo te veas a ti mismo. Si eres siempre lo que quieres ser, habrá gente que te critique, sí, pero también habrá otros que te comprendan y te quieran.

Para gustos, colores.

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