sábado, 7 de julio de 2012

Destino

Me encontré en durante el camino de la vida una encrucijada entre mi camino ya establecido y otro que apareció de la nada, como una mala presencia.
Había algo que no me gustaba pero, por otro lado, me tentaba demasiado.
Sabía que la curiosidad mató al gato, pero también sabía que tanto si seguía mi camino como el otro, acabarían matándome, así que cambié mi rumbo y me envolví en una brisa tenue y oscura.
Cientos de ojos sangrientos me miraban desde las sombras producidas por la frondosidad de un bosque en el que sus árboles carecían de hoja alguna. Llegaban hasta donde alcanzaba la vista, tanto al horizonte como al cielo.
No tenía miedo, ya que estaba en ese momento de la vida en el que sientes que no tienes nada y que no le importas a nadie, aunque seas la persona más afortunada del mundo. "Ciego que no quiere ver" me decían, pero no sabían que mi mente y mi corazón engañaban constantemente a mis sentidos, haciéndome sentir inútil y sin futuro.
Andaba de un modo lento y observador, como si estuviera interesado en los detalles del paisaje, pero por más que caminaba, no veía nada distinto a lo que vi en un principio. El camino se repetía, como si estuviera andando en círculos. Parecía ser una ruta sin fin, incluso pensé que si daba la vuelta tampoco saldría de allí. No llegaban ni el sol ni sonido de agua hasta donde yo estaba, por lo que no me pude guiar para saber a ciencia cierta si estaba en la dirección correcta.

Me paré en seco y me puse en cuclillas. No sé si empezaba a arrepentirme o era el cansancio el que había hecho que me cesara la marcha. Cerré los ojos y vi a personas mirándome dentro de mí; era extraño porque no había visto a nadie desde que comencé a andar hace ya.... mucho. Los "otros" me miraban con preocupación y curiosidad. Todos tenían arrugas y pelo canoso, lo que me hizo pensar que no eran reales, era solo una ilusión un espejismo que había aparecido por casualidad o por necesidad.

Comenzaron a hablar y lo primero que mencionaron fueron todas mi imperfecciones, que no eran pocas. Hicieron que me sintiera muy mal y, como no, me puse a llorar como si no hubiera consuelo en el mundo para mi. Se les veía disfrutar y sonreír al verme sufrir.
-¡PARAD!- grité con una voz que nunca había salido de mi garganta.
Ellos pararon de hablar con un gesto extrañado.
- Chico - dijo una señora con voz muy dulce - si vas a seguir por este camino vas a necesitar que te digamos tus fallos.
- ¿Por qué? - Pregunté secándome las lágrimas que pude de la cara.
- Porque has escogido el camino difícil y tienes que aprender de tus errores y aceptar tus imperfecciones. Nosotros no estaremos siempre aquí así que marca con fuego y sangre estas palabras en tu cabeza: las decisiones importantes no se piensan, se hacen.
Y con esas palabras se esfumaron, según lo que dijeron, temporalmente, hasta que necesite más ayuda de que por mi mismo no puedo conseguir.
No sé que pasó, pero sin que yo diera órdenes a mi cuerpo de levantarse y caminar, lo hizo.
Me sentía con fuerza, con una vitalidad que nunca había presenciado en mi cuerpo y, sobre todo, con muchas ganas de caminar, aunque no hubiera nunca un final.

Así estoy en estos momentos, caminando sin parar; no veo el final y tampoco me siento feliz pero ahora cuento con la compañía de dos amigas que hacen que todo sea más fácil y que, estoy seguro, harán que el camino llegue a su fin y puedo encontrar el tesoro que lleva por nombre "Fortuna": Aceptación y Constancia.

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