sábado, 25 de febrero de 2012

Baja el tobogán

Hoy he recordado los días en los que mi padre me llevaba al parque. Yo sólo contaba con 5 o 6 años. Era realmente feliz. No importaba conocer o no a los demás en el parque, te lanzaban la pelota y se reían como si fueras su compañero de juegos de toda la vida. Recuerdo de forma muy detallada cómo miraba a mi padre cuando me acercaba al tobogán. Nos compenetrábamos perfectamente, sabía que mis ojos reflejaban deseo y los suyos, aunque no siempre, trasmitían aceptación. Reía siempre que lo miraba así.
Desde el día que me caí de lo alto del tobogán, no podía montarme sin mirarlo y ver ese permiso inexistente que me prestaba.

Lo he pensado bien y he leído mucho acerca de "volver a tener 5 años" sobre muchos amigos y escritores, pero yo realmente no lo echo de menos. Soy igual de feliz y de desgraciado antes que ahora. Me gusta dirigir mi vida aunque todavía siga siendo un incompetente. Sé lo que debo hacer y lo que no debo... pero no puedo evitar poner esa mirada de deseo al cielo cada vez que me apetece hacer algo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario