Hoy
he recordado los días en los que mi padre me llevaba al parque. Yo
sólo contaba con 5 o 6 años. Era realmente feliz. No importaba
conocer o no a los demás en el parque, te lanzaban la pelota y se
reían como si fueras su compañero de juegos de toda la vida.
Recuerdo de forma muy detallada cómo miraba a mi padre cuando me
acercaba al tobogán. Nos compenetrábamos perfectamente, sabía que
mis ojos reflejaban deseo y los suyos, aunque no siempre, trasmitían
aceptación. Reía siempre que lo miraba así.
Desde
el día que me caí de lo alto del tobogán, no podía montarme sin
mirarlo y ver ese permiso inexistente que me prestaba.
Lo
he pensado bien y he leído mucho acerca de "volver a tener 5
años" sobre muchos amigos y escritores, pero yo realmente no lo
echo de menos. Soy igual de feliz y de desgraciado antes que ahora.
Me gusta dirigir mi vida aunque todavía siga siendo un incompetente.
Sé lo que debo hacer y lo que no debo... pero no puedo evitar poner
esa mirada de deseo al cielo cada vez que me apetece hacer algo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario