sábado, 25 de febrero de 2012

Prototipos


No sé como surgió el tema, pero creo que eso es lo de menos. Hablamos sobre el futuro, sobre nuestra amistad y sobre la familia. Me dijiste que estabas solo durante mucho tiempo y que echabas de menos a alguien a quien besar al llegar a casa, a quien decir "te quiero", a quien acariciar el pelo...
Supongo que fue un reto mutuo el pensar cómo sería la persona con quien nos sentiríamos a gusto y empezaste hablando tú.
Me dijiste que te gustaría que fuera una chica morena, alta, con ojos azules y una figura escandalosa. Le pediste que fuera simpática, sincera y sin obligaciones ni preocupaciones. Que viviera cerca de tu casa, para poder verla todos los días y sobre todo que fuera inteligente, teniendo al menos una carrera acabada y ocupando un puesto de trabajo fijo.
¿Qué dije yo? Lo recuerdo perfectamente: No me importa su físico, ni su posición social, ni si quiera si congeniaba conmigo o no. Únicamente pedí que me quisiera tanto como yo podría llegar a quererla.

Ahora eres feliz con esa mujer perfecta que apareció de la nada y me alegro, porque realmente te lo mereces.

¿Yo? No se si es cuestión de merecer o no, supongo que querer a alguien sólo está al alcance de unos pocos y lo que parecía fácil y sencillo, es más complicado de lo que lo pintan.

No hay comentarios:

Publicar un comentario