No sé como surgió
el tema, pero creo que eso es lo de menos. Hablamos sobre el futuro,
sobre nuestra amistad y sobre la familia. Me dijiste que estabas solo
durante mucho tiempo y que echabas de menos a alguien a quien besar
al llegar a casa, a quien decir "te quiero", a quien
acariciar el pelo...
Supongo que fue un
reto mutuo el pensar cómo sería la persona con quien nos
sentiríamos a gusto y empezaste hablando tú.
Me dijiste que te
gustaría que fuera una chica morena, alta, con ojos azules y una
figura escandalosa. Le pediste que fuera simpática, sincera y sin
obligaciones ni preocupaciones. Que viviera cerca de tu casa, para
poder verla todos los días y sobre todo que fuera inteligente,
teniendo al menos una carrera acabada y ocupando un puesto de trabajo
fijo.
¿Qué dije yo? Lo
recuerdo perfectamente: No me importa su físico, ni su posición
social, ni si quiera si congeniaba conmigo o no. Únicamente pedí
que me quisiera tanto como yo podría llegar a quererla.
Ahora eres feliz
con esa mujer perfecta que apareció de la nada y me alegro, porque
realmente te lo mereces.
¿Yo? No se si es
cuestión de merecer o no, supongo que querer a alguien sólo está
al alcance de unos pocos y lo que parecía fácil y sencillo, es más
complicado de lo que lo pintan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario